Revolución #58, 27 de agosto 2006


 

“…su capacidad de infundir esperanza de un mundo mejor”

Esta es una declaración de una enfermera que cuidó a Susan durante los tratamientos:

Había tantas razones para querer a Susan, pero la razón que destaca era su capacidad de infundirles esperanza de un mundo mejor a los demás. Cambió mis ideas acerca de las personas y mi actitud hacia ellas. En la enfermería, soy heroína todos los días, pero si me hubieran preguntado sobre ofrecerse de voluntario, en el mundo actual, hubiera contestado: “¿Qué van a ganar?”.

Huelga decir que es una manera de ver el mundo sin esperanzas, como si lo que motiva primero que todo es el puro interés. Es fácil captar que Susan podía inspirar a cualquiera que la conociera, ¿pero podría esa persona concebir el mundo como su comunidad, como lo hacía ella?

Por supuesto, tras conocer al equipo médico de Susan, fui testigo de una clase de generosidad, perseverancia y amor que solo una persona como Susan podía inspirar.

Susan ayudó a disolver mi desesperación ante el mundo en que vivimos. Ayudándole y conociendo al equipo médico, vi lo que antes no hubiera podido creer… que sí es posible dar y recibir incondicionalmente.

Me hizo pensar en algo que escribió Albert Einstein:

“Un ser humano es parte de un todo, llamado por nosotros universo, una parte limitada en el tiempo y el espacio. Se experimenta a sí mismo, sus pensamientos y sentimientos como algo separado del resto... algo así como una ilusión óptica de su conciencia. Esta falsa ilusión es para nosotros como una prisión que nos restringe a nuestros deseos personales y al afecto que profesamos a las pocas personas que nos rodean. Nuestra tarea debe ser el liberarnos de esta cárcel ampliando nuestro círculo de compasión para abarcar a todas las criaturas vivas y a la naturaleza en conjunto en toda su belleza. Nadie es capaz de hacerlo del todo, pero el intentarlo es en sí mismo una parte de la liberación, y el fundamento de nuestra seguridad interior”.

*****

Una amiga del gimnasio a donde iba Susan mandó esta nota:

Cuando Susan entró al gimnasio, existía un silencio incómodo en el locker entre las coreanas y las demás. Era una clara actitud de ‘nosotras’ y ‘ellas’ de parte de nosotras. Conforme a sus creencias y su conciencia internacional, Susan se puso a cambiar esa situación. Empezó sonriendo a las señoras coreanas, después les decía buenos días y al poco tiempo ya conversaba con ellas. Yo me di cuenta de lo que pasaba cuando vi que una señora coreana le llevó un frasco de kimchee, un platillo coreano muy elaborado. Al poco tiempo, las demás adoptaron la nueva actitud y ahora todo el mundo se sonríe, se saluda o conversa, y el locker es mucho más agradable que antes.

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