Revolución #208, 25 de julio de 2010


Anastasio Hernández Rojas: asesinado por la Patrulla Fronteriza

El anochecer del viernes 28 de mayo, tres días después de que Obama anunció el envío de 1.200 soldados a la frontera con México, decenas de personas que cruzaban el puente peatonal que conecta San Ysidro, California y Tijuana, México, escucharon gritos de horror: “¡Ayúdame, por favor! ¡Me van a matar!” En el lugar encerrado tipo jaula donde hacen pasar a los deportados hacia México, tres agentes de la Patrulla Fronteriza golpeaban a un hombre esposado. La muchedumbre que se juntó no podía alcanzarlo. Miraron horrorizados mientras lo torturaron y mataron. Una mujer corrió hacia las autoridades migratorias mexicanas, gritando: “¡Están matando a un señor!” Los funcionarios del gobierno mexicano, incluido un oficial de la Marina mexicana, ordenaron que  la gente se dispersara y no intervinieron en la golpiza. Recogieron todos los videos grabados en teléfono móvil y nunca los divulgaron. No obstante, Humberto Navarrete Mendoza, un estudiante de medicina, puso su video en YouTube. En él, les grita repetidamente a los agentes de la Patrulla Fronteriza: “¡No está resistiendo! ¿Por qué están usando fuerza excesiva sobre él?” Describió cómo los tres agentes se arrodillaron encima del hombre, quien estaba bocabajo con las manos esposadas atrás y que le pegaron en las costillas de ambos lados de su cuerpo.

Como animales salvajes atraídos por el olor de la sangre, llegaron policías de diversos organismos para participar en la carnicería. Los conductores del autobús del centro de detención Wackenhut se apresuraron a unirse a la golpiza, luego llegaron los agentes de la Aduana y Protección Fronteriza, hasta que 20 agentes estuvieran golpeando a un hombre esposado e inconsciente. En cierto momento, suspendieron la golpiza y empezaron los toques eléctricos. Un hombre que había sido deportado por la misma reja donde ocurrió la tortura describió la escena: “Llegaron con una pistola [con la] que le dieron unos toques, le dieron uno, se cayó al suelo; se quiso levantar, le dieron el otro, también se cayó al suelo. Entonces le dieron más, como dos más, él ya no se levantaba del suelo, sino brincaba, rodaba y rodaba". 

Finalmente llegó la ambulancia, pero ya era tarde: Anastasio Hernández Rojas estuvo clínicamente muerto. Los puercos se subieron a sus vehículos y se marcharon. Misión cumplida. 

Anastasio Hernández Rojas, de 42 años, había vivido en el barrio mexicano de San Diego desde que tenía 14. Sus cinco hijos nacieron en Estados Unidos. Trabajaba por su cuenta, instalando y reparando albercas de lujo en la región de San Diego. Debido a una infracción de tránsito dos días antes, fue arrestado y puesto en camino a la deportación, junto con su hermano. En el camino de regreso a San Diego, los interceptaron la Migra. Durante el arresto, la Migra le dio una patada al hermano y Anastasio intervino. La Migra le pisó y lesionó de nuevo el tobillo, lesionado anteriormente y sujeto con clavijas. Los llevaron a un centro de detención del rumbo y a Anastasio lo agredieron de nuevo porque no se deshizo de una botella de plástico de agua tal como le ordenaban los guardias. Anastasio exigió que un médico lo atendiera y pidió entablar una queja por el abuso que él y su hermano sufrieron. Al contrario, dos horas después del arresto, lo sacaron, solo, del centro de detención y los tres agentes fronterizos lo ejecutaron públicamente en la línea. 

El corazón de Anastasio dejó de latir el 1º de junio. El 2, el sindicato de los agentes de la Patrulla Fronteriza lanzó un mensaje en Twitter: “Que se aprenda la lección: No luchen con la Patrulla Fronteriza”, con un enlace a la versión periodística de la muerte de Anastasio que sólo dejó constancia de la justificación de parte de la Patrulla Fronteriza: “El sujeto se volvió combativo” y “después de que se le quitó las esposas, forcejeó con dos agentes de la Patrulla Fronteriza en el suelo”. Además: “Después de repetidas órdenes de alto, uno de los agentes usó una pistola de descarga eléctrica para someter al individuo y mantener la seguridad de los agentes”. ¿Qué clase de sistema es éste el que requiere que tan vil escoria como estos agentes maten y torturen a fin de proteger las fronteras que impone sobre el mundo? 

El 3 de junio, 500 personas marcharon al lugar donde lo mataron. Cuando llegaron a la parte alta del puente peatonal, miles de conductores que esperaban en la cola para pasar al lado mexicano podían ver los letreros: “Justicia para Anastasio Hernández Rojas” y “Todos somos Anastasio”. Diez carriles de carros a lo largo de 1.5 km hacia México en apoyo empezaron a tocar el claxon. 

Imagínese lo siguiente: que todo el que ve el video de YouTube de la muerte de Anastasio Hernández Rojas y que está obsesionado por sus gritos y se asquea por la injusticia y brutalidad de este crimen, se decida a no dejar que pase un día más sin ponerse en pie y resistir y sin convencer que otros hagan lo mismo como parte de un movimiento para hacer al revolución para poner fin a este sistema. ¿No sería eso una respuesta digna? 

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