Un lector de Los Ángeles escribe sobre la policía comunitaria

¿Liberación acomodándose con los cerdos policías y soplonaje? ¡Para nada, carajo!

9 de septiembre de 2016 | Periódico Revolución | revcom.us

 

Watts, July 26

El Club Revolución y amigos y familiares de Richard Risher, hijo, marchando por las calles de Watts, 26 de julio. Foto: Especial para revcom.us

A finales de julio en las viviendas públicas multifamiliares Nickerson Gardens en Watts, a Richard Risher, hijo, de 18 años de edad, le abatió a tiros la policía de Los Ángeles, y lo patearon y escupieron mientras agonizaba. Su madre, el corazón roto, ha marchado y denunciado el asesinato, exigiendo justicia para su hijo. Un par de semanas más tarde, el New York Times publicó una carta que celebró este asesinato como un ejemplo del éxito de la policía de Los Ángeles en poder matar a la gente y salirse con la suya, escrita por el jefe del Departamento de Policía de Los Ángeles (DPLA), Charlie Beck, junto con el lacayo sin igual de los cerdos policías, la abogada de “derechos civiles” Connie Rice. El artículo de opinión se titula “How Community Policing Can Work” [Cómo puede funcionar la policía comunitaria], y se jacta de que la policía logró convencer a algunas personas en Watts de echar la culpa a Richard, y no la policía, por el asesinato de Richard. El artículo recalca: “En el pasado, la gente no habría escuchado. La única respuesta hubiera sido botellas, piedras y aún peor. Pero para la mañana, la situación estaba tranquila”.

He aquí los cerdos mismos (y sus títeres y lacayos) presentando una estrategia desarrollada para controlar mejor a la gente para la cual este sistema no tiene ningún futuro. Durante años representantes de la clase dominante y sus portavoces en los medios de comunicación han hablado abiertamente de la necesidad de mantener (o restablecer) la legitimidad de la violencia policial — que la mayoría de la gente crea que la policía tiene la autoridad legítima y el derecho de su lado cuando dispara, pega con Taser, golpea, esposa o encarcela a las personas. Esto se debe a que los levantamientos que comenzaron con Ferguson han despojado algo de esa legitimidad, y perder esa legitimidad aún más amplia y profundamente sería un elemento clave de la clase de crisis que podría convertirse en una situación revolucionaria total, con el potencial de conducir a la destrucción de todo el presente sistema.

Un sector de los gobernantes promueve la colaboración de los oprimidos con la policía para apuntalar la legitimidad

Una parte de estos representantes de la clase dominante, como Beck, Obama y Bill Clinton, han abogado por “community policing”, la policía comunitaria, como la mejor manera de apuntalar la legitimidad de la violencia policial, para que la gente acepte la brutalidad y terror que llevan a cabo. Los multifamiliares en Watts, Los Ángeles son uno de los ejemplos más cultivados y promovidos de este modelo. En 2015, al jefe de la comisaría de la División del Sureste de Watts lo llevaron al Discurso del Estado de la Unión de Obama como un invitado de honor. El 22 de octubre de 2015, Obama convocó una reunión de los jefes de policía de todo el país en la Casa Blanca que incluyó una conversación con Charlie Beck. Para finales de 2015, la policía de Los Ángeles había matado a más gente ese año que cualquier otro departamento de policía en todo el país.

El articulo de Charlie Beck / Connie Rice sobre la policía comunitaria comienza con “los recientes asesinatos de policías en Dallas y Baton Rouge, Luisiana, y los videos devastadores de la muerte a tiros de hombres negros como Alton B. Sterling y Philando Castille...”. En primer lugar, ¿por qué, de acuerdo con Beck y Rice, las muertes de policías son asesinatos, pero no las de los hombres abatidos a tiros que no llevaban armas y no amenazaban a nadie? Enmarcan todo el asunto desde el principio con la idea de que automáticamente toda muerte a tiros de un policía es un asesinato, mientras que se justifica toda muerte a tiros cometida por un policía. El problema, según Beck y Rice, no es el hecho de que la policía asesina a cientos y cientos de personas cada año. El problema, según ellos, no es el hecho de que millones de personas no tienen ningún futuro bajo el presente sistema, que millones de personas latinas y negras se encuentran encerradas en guetos, discriminadas en cada momento, engañadas para que se maten unas a otras, y muertas y aterrorizadas a manos de la policía para mantener estas condiciones. El problema, según ellos, es “el conflicto entre la policía y la comunidad” y una “ruptura de la confianza pública en la policía”, aunque incluyan unas frases genéricas sobre “vencer el perjuicio” y “reemplazar la ‘espiral de la desesperación’ en los barrios pobres con la oportunidad y la justicia”.

Identificar la epidemia de asesinato y terror policial y la encarcelación en masa como “el conflicto entre la policía y la comunidad” es como decir que el problema durante la época de la esclavitud era que no había suficiente confianza entre los cazadores de esclavos y los esclavos fugitivos a que perseguían, ya sea para asesinarlos o torturarlos y arrastrarlos de regreso en grilletes. “¿Por qué todo este conflicto?” “Tenemos que desarrollar la confianza pública en la policía”.

El articulo de Beck / Rice menciona el informe del Departamento de Justicia que puso en la luz pública algo del horrible brutalidad y degradación que lleva a cabo la policía de Baltimore contra la gente negra. Pero, por supuesto, no tienen nada que decir acerca de la inhumanidad y la injusticia de todo esto. En su lugar, el problema es una “ruptura de la confianza pública en la policía” que hay que volver a fortalecer por medio de “la policía guardián” o “la policía comunitaria”.

Beck y Rice describen la policía comunitaria como “el ganar la confianza” mediante participar en ligas deportivas juveniles y jardines de la comunidad, que los policías conozcan a los residentes por su nombre y caminen a través de los multifamiliares junto con “especialistas de intervención en las pandillas” (en muchos casos ex miembros de pandillas mayores que se han convencido de trabajar con la policía por medio de una combinación de amenazas de encarcelación, dinero de la ciudad y un autentico deseo de detener las muertes, junto con una fantasía gravemente equivocada y perjudicial sobre lo que realmente son el problema y la solución). Beck y Rice también hablan de reducir la tasa de crimen. Pero ¿qué ha cambiado realmente en estas zonas que sirven de modelos del programa “Community Safety Partnership” (Asociación Comunitaria para Seguridad) de Los Ángeles?

El verdadero oficio de la policía

El mismo sistema sigue devastando a la gente. No hay trabajo ni educación decente y no hay manera legítima de escapar de la pobreza. Los niños crecen discriminados y despreciados en una sociedad que no tiene futuro para ellos. Toda la gente trata de sobrevivir en una sociedad que funciona por medio de un pequeño puñado de capitalistas siendo los propietarios de lo que todos los demás necesitan, utilizando eso para explotar a millones de personas en todo el planeta, tirando a la calle a la gente de que los capitalistas no pueden sacar ganancias y modelando el pensamiento de todos con la perspectiva de sálvese quien pueda y al carajo con los demás. Así que nuestros jóvenes se pelean y se matan entre sí, los de un barrio contra los de otro, tratando de sobrevivir bajo los términos de los imperialistas. Nada de esto ha cambiado. No es la tarea de la policía cambiar nada de esto. Su tarea es la de asegurarse de que todo funcione sin problemas. Las personas que este sistema considera basura humana pueden permanecer encerradas en guetos matando unos a otros, siempre y cuando no representen ningún reto al funcionamiento de este sistema. Se puede ver esto en la manera en que Beck y Rice caracterizan las vidas que importan:

“La verdadera prueba de la policía guardian, sin embargo, ocurre durante una crisis. Esto es cuando la reserva de confianza salva vidas — como lo hizo hace tres semanas, después de que un policía de Los Ángeles mató a un joven que estaba disparando a la policía”. Reflexione sobre la saña que esto refleja. “[L]a reserva de confianza salva vidas...”. ¿La vida de quién se salvó? ¿Se salvó la vida a Richard Risher, hijo, de 18 años de edad? ¿Se salvó la vida a Omar Gonzalez, 36 años de edad, muerto por el DPLA dos días más tarde? ¿Se salvó la vida a Jesse Romero, 14 años de edad, dos semanas después, o a Kenny Watkins, 18 años de edad, asesinado la próxima semana, o Marcelo Luna asesinado tres días más tarde?, todos asesinados por agentes del DPLA. ¿Cuáles vidas salvó esta “reserva de confianza”?

       

 

El asesinato policial... y la asesina lógica del juego electoral del presente sistema (en inglés).

Ellos quieren que se tome como acto de fe que el joven que la policía mató, de que Beck y Rice ni siquiera consideraban digno de mencionar su nombre, estaba disparando a la policía. No presentan ninguna prueba de que disparaba a la policía, y de hecho nadie ha presentado tal prueba. Y ellos quieren que se trague la lógica de que “salvar vidas” significa salvar las vidas de policías. El año pasado, la policía mató a 1140 personas (según el Guardian). El mismo año, 41 policías murieron (según el FBI). Cuando dicen, “la reserva de confianza salva vidas”, es la misma lógica que cuando Obama bombardea Libia, matando a cientos si no a miles de personas, y afirma que no es realmente una guerra porque no murió ningún estadounidense.

La lógica mortal de trabajar con la policía

Aunque Beck y Rice hablan de ganarse la confianza y supuestamente reducir la tasa de crimen, vale la pena citar más en detalle el meollo de lo que describen como “el dividendo” de esta “reserva de confianza”.

“Miembros enojados de la comunidad exigieron una reunión de emergencia con la policía. Al final de la dolorosa sesión, un ex líder de una pandilla declaró que la muerte era muy triste, pero ‘si disparas a los policías, deberías saber que vas a morir’. Otros asistentes dieron rosarios a los policías, y se disculparon por otros que habían dicho ‘que matemos a los policías’ tras rumores de que los policías habían disparado cuando el joven se rendía.

“En el pasado, la gente no habría escuchado. La única respuesta hubiera sido botellas, piedras y aún peor. Pero para la mañana, la situación estaba tranquila”.

El “dividendo”, o en palabras más simples, las ganancias obtenidas a partir de esta inversión en la “confianza” como ellos lo ven, es que haya personas en la comunidad en que la policía puede confiar para mantener bajo control a todo el mundo, mientras que la policía siguen sembrando el mismo terror. Esto hace recordar al Judenrat (consejos judíos dirigidos por “líderes comunitarios” que colaboraron con los nazis y los sirvieron) y la Policía Judía del Gueto en la Alemania nazi de que Alan Goodman escribió recientemente en revcom.us:

“Los Judenrat se basaban principalmente entre los judíos más privilegiados y reflejaban su posición social, y sus defensores argumentaron que el hecho de que ‘personas de la comunidad’ vigilaban y administraban los guetos disminuiría el terror violento contra la población judía. Hasta argumentaron descaradamente que colaborar con los nazis en el transporte de las personas incapaces de trabajar, las personas que recibían la asistencia pública, y los alborotadores a los campos de la muerte salvarían a todos los demás del mismo destino”. (“¿Acaso debería alguien de los oprimidos ingresar en la policía para "mejorar las cosas"? Se ha intentado antes, así que vamos a ver cómo resultó”) Cualesquiera que fueran sus intenciones, lo que facilitó e incluso legitimó fue el genocidio contra el pueblo judío que tuvo lugar bajo el régimen nazi.

He aquí la lógica mortal de trabajar con la policía y bajo sus términos: la policía asesina a Richard Risher, hijo, y si usted forma parte de esos líderes de la comunidad que se reúnen con la policía, aunque no le guste a usted que hay jóvenes muriendo, Risher se convierte en uno de los prescindibles. Se convierte en uno de los jóvenes que usted está dispuesto a sacrificar.

¡Esto no se debe tolerar! Trabajar con las personas cuya fuerza armada nos mantiene encerrados en una situación en la que nuestros jóvenes no tienen ningún futuro legítima esa fuerza y, sean cuales sean las intenciones, contribuye a que nuestra juventud no tenga futuro. No hay nada bueno que pueda resultar de trabajar con la policía — no importa la forma en que aparezcan. ¡Tenemos que derribar este sistema, no reforzarlo! La única manera de salir de esta locura es a través de nada menos que una revolución concreta. Y ya es hora de organizarse para esta revolución.

Aspirar a más y dejar de jugar al juego del sistema

Para los “especialistas de intervención de pandillas” y para todos los que tienen el corazón y el alma destrozados por la sangre derramada en las calles: aspiren a más, y dejen de jugar al juego del presente sistema, así permitiéndose ser un títere de los policías asesinos y el sistema que defienden. Aporten su corazón y determinación a la construcción de la fuerza revolucionaria que puede dirigir de verdad a la humanidad hacia la salida. Luchen con los jóvenes a que dejen de pelear entre sí, para que sean parte de esa fuerza revolucionaria, en lugar de trabajar con un sistema que pretende destruirlos. Éntrenle al Club Revolución y a Bob Avakian, la dirección de esta revolución... y sean parte de la difusión de esa fuerza por toda la sociedad.

 

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