Asesinos de Biko confiesan lo que todos sabían

No se hace justicia en la oprimida Azania

de Michael Slate

Obrero Revolucionario #894, 16 de febrero, 1997

Cuando vi la primera plana del Los Angeles Times (28 de enero), no lo pude creer. En la parte inferior había una foto de Steve Biko, líder revolucionario y fundador del Movimiento de Conciencia Negra de Sudáfrica, o Azania, como la llaman los revolucionarios. Biko fue asesinado en 1977 por agentes de la Policía de Seguridad (la policía política) del gobierno de apartheid que estuvo en el poder hasta 1994. Hoy, 20 años después, cuatro agentes de la Policía de Seguridad han confesado que golpearon y torturaron a Biko durante 26 días, hasta que murió de heridas al cerebro. Según el abogado de los policías, un quinto agente del "equipo de interrogación" especial pronto dará su confesión. A raíz de las confesiones, todos los policías han pasado al amparo de un Programa de Protección de Testigos.

Los ex policías (retirados o pensionados por enfermedad) confesaron ante la Comisión de Verdad y Reconciliación, que estableció el gobierno de Nelson Mandela en 1994. La Comisión tiene poderes para investigar pero no para procesar casos de "violaciones de derechos humanos" cometidos durante los años de apartheid, y para conceder amnistía a todos los que confiesen, siempre y cuando se compruebe que sus actos tuvieron motivación política, que dicen la verdad y demuestren remordimiento.

Pero esa Comisión no hará justicia. Los policías solo han confesado para que les den amnistía. De hecho, su abogado dijo que confesaron porque las pruebas en su contra podían usarse para procesarlos. Además de asesinar a Biko, sus confesiones los implican en la muerte (ya sea por disparos, puñaladas, mutilación o quemaduras) de por lo menos otros nueve enemigos del gobierno de apartheid en los años 80, y del salvaje asesinato del maestro y activista Matthew Goniwe y los otros conocidos como "Los 4 de Craddock" en 1985.

Las confesiones de los asesinos no son nada nuevo para el pueblo, pues siempre se ha sabido que lo mató el gobierno. En agosto de 1977, la Policía de Seguridad detuvo a Biko por "distribuir materiales inflamatorios e incitar a motín". Nadie, salvo la policía y sus médicos de confianza, vio a Biko por 26 días. Un médico de la policía lo examinó poco antes de que muriera, y aunque era obvio que tenía heridas cerebrales masivas, concluyó que estaba fingiendo. Después lo examinó otro médico de la policía que concluyó que debía ser hospitalizado. Los agentes tiraron su cuerpo desnudo y encadenado en una camioneta y, sin que lo acompañara un médico, lo trasladaron más de 1200 kilómetros a la Prisión Central de Pretoria. Biko murió en el piso de la celda poco tiempo después de llegar.

Si bien no se han publicado todos los detalles de las confesiones, por lo que se ve no hay mucho de nuevo. Los policías admiten haberlo golpeado; eso es casi todo lo que dicen. En el momento de su muerte, el gobierno dijo que murió a causa de una huelga de hambre. Después dijo que murió de heridas que sostuvo cuando se lanzó contra una pared medio enloquecido y atacó a los policías. Finalmente, ante la indignación internacional y la creciente lucha interna, el gobierno accedió a investigar su muerte. La investigación fue una farsa que concluyó que murió de heridas a la cabeza "probablemente" causadas en una "escaramuza con la policía" y no acusó a ningún policía.

La Comisión ha estado alabando profusamente las confesiones de los policías y ha dicho que este es un importante paso sumamente significativo, ya que permite identificar a los policías que lo mataron. Pero la verdad es que eso tampoco es nuevo. En 1978, el periodista sudafricano Donald Woods, que fue amigo de Biko y denunció su asesinato ante el mundo, empezó su libro sobre el asesinato diciendo que lo mataron uno o más de nueve agentes nombrados. Los que han confesado están en esa lista. El abogado de los policías dice que el asesinato fue "un desafortunado accidente", el resultado de un "interrogatorio que salió mal", y que los policías son ciudadanos leales, productos de su tiempo, que solo estaban cumpliendo con su deber de proteger al gobierno: al igual que los nazis de la II Guerra Mundial que "solo estaban cumpliendo órdenes".

Querido por el pueblo

Al leer sobre la confesión de los policías, fue aumentando mi ira y me puse a pensar en lo que Biko significaba para el pueblo azanio. Viajé dos veces a Sudáfrica durante las rebeliones nacionales contra el apartheid que empezaron en 1984. El pueblo azanio de todo el país, ya sea en pequeños y remotos ayuntamientos rurales o en los gigantescos ayuntamientos de Johannesburgo, Ciudad del Cabo, Durbán y Puerto Elizabeth, querían y respetaban profundamente a Biko. En 1987, miles desafiaron el estado de emergencia, y en muchos casos las armas, látigos y perros del ejército y la policía, para conmemorar el 10º aniversario de su muerte.

Los que lo querían especialmente eran los chavos más rebeldes, incluso muchos que militaban en organizaciones opuestas a su Movimiento de Conciencia Negra. Recuerdo que una vez pasé todo un día con un activista de 20 años, líder de un campamento de paracaidistas de Puerto Elizabeth. Creció en una choza de cartones de las compañías Ford, Volkswagen y otras fábricas automotrices del Cabo del Este, donde aun vivía con su esposa e hijo. Desde que tenía unos ocho años estaba en grupos del Congreso Nacional Africano (CNA) de Nelson Mandela y encabezaba el Tribunal Popular del campamento.

Pasé todo el día con él, recorrí el ayuntamiento, conversé con vecinos y aprendí cómo vivían y luchaban contra el gobierno racista. Cuando se puso el sol, volvimos a su choza para tomarnos unas cervezas Castle y platicar sobre "la revolución". Era a fines de 1990 y Nelson Mandela acababa de salir de la cárcel. La conversación fue exaltante, platicamos de muchísimas cosas y aprendimos unos de otros.

En cierto momento, en medio de una conversación sobre la estrategia y metas de la lucha de Sudáfrica y las negociaciones con el gobierno, el compañero pidió que los demás lo dejaran hablar sin interrumpirlo. Empezó diciendo que porque era militante del CNA, se veía obligado a repetir lo que el "Sr. Mandela" y el CNA decían sobre la lucha. Sin embargo, después dijo que quería decir algo "personal". Tenía lágrimas en los ojos cuando habló de su temor de que Mandela y el CNA traicionaran la lucha y de que los pobres, como él, quedaran abandonados. Finalmente, se me acercó más y en voz baja me dijo quiénes eran los líderes revolucionarios de Sudáfrica: ante todo, mencionó a Steve Biko, porque decía que Sudáfrica pertenecía a los negros y que tenían que luchar para recuperarla.

El entusiasmo revolucionario y firme posición de no doblegarse ante el gobierno de apartheid ni entrar en compromisos que manifestó Steve Biko, fortaleció y animó a millones de azanios oprimidos. De hecho, los Levantamientos de Soweto de 1976, que se extendieron a todo el país y que asestaron los golpes iniciales que 18 años después abolieron oficialmente el apartheid, fueron inspirados principalmente por Steve Biko y el Movimiento de Conciencia Negra que él fundó.

Biko y su Movimiento ayudaron al pueblo azanio a soñar con la liberación; él lo ayudó a punzar la sofocante represión impuesta por el gobierno de apartheid y sus padrinos imperialistas. Y cuando el pueblo dejó de soñar y pasó a la acción, Steve Biko siempre estuvo a su lado. Cuando el pueblo se levantó y se rebeló, Biko dijo que eso era bueno, que había que defenderlo, darle ánimo y extenderlo. Ese espíritu de nada que perder y su profunda convicción de que los oprimidos tenían que apoyarse en sí mismos y tomar la historia en sus propias manos, era lo que tanto odiaban los guardianes del apartheid. Lo mataron por lo que representaba y por el impacto que tenía en el pueblo azanio.

Todavía no hay liberación

Hoy, la Comisión de Verdad y Reconciliación se propone enterrar la lucha revolucionaria del pueblo azanio (a la que Biko dedicó toda su vida) debajo de un montón de basura con el cuento de "sanar las heridas" del apartheid y unificar al pueblo sudafricano. En realidad, la Comisión y el programa de amnistía son una necesidad del gobierno de Mandela. Son una manera de desarmar una situación potencialmente explosiva debido a que la gran mayoría de los azanios siguen viviendo en la misma pobreza de antes, segregados en ayuntamientos sin electricidad ni agua corriente, mientras que los blancos conservan sus privilegios y vida cómoda.

En 1994, Nelson Mandela fue elegido primer presidente negro de Sudáfrica y desmanteló el apartheid oficial. Todo eso fue parte de un pacto acordado para sofocar la lucha revolucionaria contra el apartheid y establecer un gobierno neocolonial con máscara de "gobierno liberado". El pacto acordado entre Mandela, el gobierno de apartheid y sus amos estadounidenses e ingleses dicta que no se puede juzgar a todos los asesinos del viejo gobierno, especialmente porque muchos todavía ocupan puestos al mando de la economía, el ejército y la policía. Pero esa situación atiza una contradicción potencialmente explosiva. Así que Mandela y su gobierno establecieron el programa de amnistía para calmar la situación.

Una jugada bien sucia de Mandela y su gobierno para que los ex funcionarios del gobierno y sus sabuesos cooperen con la Comisión, fue darle el poder de investigar "violaciones de derechos humanos" cometidas por todas las partes durante los años de apartheid. Como si la salvaje brutalidad de los reaccionarios contra el pueblo para perpetuar su sistema racista de superexplotación y opresión fuera comparable a cualquier acción del pueblo para liberarse. Entre los que han recibido amnistía está Brian Mitchel, un policía blanco que masacró a sangre fría a 30 negros en 1988.

Jamás perdonar, jamás olvidar

Cuando salió en la prensa que los policías habían confesado que mataron a Steve Biko, su familia dijo que no iba a hacer ningún comentario hasta que tuviera la oportunidad de indagar. En el pasado la familia se ha opuesto fuertemente a la Comisión y toda su cháchara de reconciliación y amnistía, y ha dicho que ciertos crímenes son demasiado bárbaros como para perdonarlos. El pueblo azanio no puede perdonar ni olvidar. No puede haber reconciliación con el opresor, por más que Nelson Mandela y los antiguos gobernantes del apartheid lo quieran. Jamás puede haber reconciliación entre los oprimidos y sus opresores; tal reconciliación solo causará más sufrimiento y más muerte.

El camino hacia adelante para Azania, el camino de la revolución y verdadera liberación para todos los oprimidos, tiene otro rumbo.

En la primavera de 1987 estuve en un ayuntamiento de Johannesburgo platicando con un grupo de chavos que se adherían al movimiento fundado por Steve Biko. Estaban platicando de sus muchas batallas contra la policía y el ejército; contaban increíbles historias de encarar ametralladoras, tanques y pelotones de fusileros con piedras y bombas caseras.

Ya casi al fin, un camarada dijo que en esas situaciones uno tiene que ser valiente, pero confesó que no siempre era fácil para él. Los otros estaban de acuerdo. Luego el camarada dijo que cuando eso le pasaba, se templaba con las palabras de Steve Biko: "Uno o está vivo y orgulloso o está muerto, y de todos modos cuando está muerto ya no le importa. Además, el método de morir en sí puede ser algo muy político. Así que uno muere en los motines. Para muchísimos de ellos, la verdad es que literalmente no tienen casi nada que perder, debido a su existencia. Así que si uno puede superar el temor personal a la muerte, lo cual es algo muy irracional, ha dado los pasos necesarios".

Steve Biko vivió por el pueblo y lo sirvió, y muerto lo sigue haciendo. Con su muerte toda una generación de azanios se radicalizó y esa generación logró tumbar al gobierno de apartheid. El detestable trabajo del actual gobierno y su Comisión de Verdad y Reconciliación no podrá revocar la concientización que la vida y muerte de Biko impartieron a millones de azanios. Ojalá esta manipulación ayude a muchos más a ver cómo está realmente la situación en Sudáfrica hoy y a darse cuenta de que todavía hay que hacer una auténtica revolución. Si eso ocurre, una vez más Steve Biko contribuirá a preparar una nueva generación de líderes revolucionarios en momentos en que se necesitan con urgencia.


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