Indonesia: Cae un tirano

La lucha popular tumba al títere yanqui Suharto

Obrero Revolucionario #959, 31 de mayo, 1998

Ha caído un tirano odiado en Indonesia. El 20 de mayo terminó el gobierno de 32 años del títere Suharto. Después de meses de protestas estudiantiles y rebeliones masivas, Suharto se vio obligado a dimitir. Lo reemplazó J.B. Habibie, su íntimo aliado de más de 20 años. El ministro de Defensa, general Wiranto, declaró que las FFAA apoyan el cambio.

Desde 1968 Suharto fue nombrado presidente siete veces, la más reciente el 10 de marzo de 1998 hasta el año 2003. Pero desde el verano, cuando la crisis económica asiática empezó a golpear duro a Indonesia, las manifestaciones estudiantiles fueron creciendo. La devaluación de la moneda alzó los precios, causó mucho desempleo, y bancos y negocios no pudieron pagar sus deudas. Para impedir un colapso total, que repercutiría por todo el mundo, el Fondo Monetario Internacional (FMI) le ofreció a Indonesia un préstamo de 43 billones de dólares a cambio de una serie de reformas económicas que beneficiarían a Estados Unidos, otras potencias y a los inversionistas extranjeros, y que perjudicarían a las amplias masas.

Cuando a mediados de mayo el gobierno anunció que subiría el precio de la gasolina, los obreros, la juventud desempleada y otros del fondo de la sociedad se lanzaron a la calle, combatieron con la policía y el ejército, incendiaron edificios y saquearon tiendas. Toda Yakarta estaba cubierta con una capa de humo. Tras la muerte de seis estudiantes a manos del ejército, las protestas cobraron fuerza, y se hicieron más recias las demandas de que se largara el corrupto gobierno. Además, se ampliaron las grietas en la clase dominante.

A los imperialistas yanquis les preocupaba que la lucha contra Suharto amenazara sus intereses económicos y estratégicos en Indonesia. Por eso hizo todo lo posible para que el ejército mantuviera el poder y que cualquier nuevo gobierno llevara a cabo las reformas dictadas por Estados Unidos y el FMI.

Una de las tácticas de las FFAA para volver a imponer el orden fue permitir las manifestaciones estudiantiles, pero no dejar que las "contaminaran" las masas militantes y canalizarlas.

El lunes 18, los estudiantes anunciaron que marcharían de la Universidad de Indonesia al Parlamento. El ejército les ofreció transporte para que no fueran recogiendo gente por las calles. Un oficial militar dijo: "Hemos decidido que no queremos que los estudiantes salgan a la calle, pues ya sentimos sus manifestaciones. La comandancia de Yakarta está dispuesta a ayudar a todos los elementos de la comunidad a expresar sus aspiraciones ante las instituciones legislativas".

El martes por la noche, más de 15.000 estudiantes se encontraban en el Parlamento. Desde el techo desplegaron una manta que demandaba la renuncia de Suharto. Lo pasaron debatiendo, tocando guitarras y cantando canciones de protesta. Políticos, músicos y poetas fueron a alentarlos y a entretenerlos. Quemaron y ahorcaron efigies de Suharto y por todos lados había mantas que lo condenaban: "Suharto a la horca; Abajo Suharto; No más militarismo". Unos saquearon oficinas y destruyeron archivos oficiales.

En eso llegaron 200 tipos del movimiento paramilitar derechista Juventud Pancasilla, vestidos en su tradicional uniforme naranja y negro, con puñales o cachiporras en el cinturón. Los estudiantes los abuchearon y los corrieron.

Se convocó una manifestación el miércoles 20, fecha que conmemora el inicio del movimiento independentista contra el colonialismo holandés; esperaban un millón de manifestantes. Pero eso no estaba dentro de los planes del ejército, y tomó medidas para impedirla. Con alambre de púas y tanques cortó las principales avenidas y montó guardia en las intersecciones de acceso a monumentos y al palacio presidencial. Pero dejó que los manifestantes siguieran entrando al Parlamento, siempre y cuando mostraran su identificación estudiantil. Amien Rais, de la oposición burguesa y miembro de la organización islámica Muhammadiyah, se ha destacado como uno de los principales líderes de los estudiantes. En un principio apoyó la convocatoria para la manifestación del miércoles, pero después de una reunión con altos mandos militares se opuso. Se dice que cambió de idea cuando un general le dijo que el ejército estaba dispuesto a repetir la matanza de la plaza Tiananmen de Beijín, China.

El miércoles, miles de estudiantes se reunieron en el Parlamento. La prensa dice que 100.000 soldados se habían tomado la ciudad. Los soldados tenían chalecos a prueba de bala, fusiles, gas lacrimógeno y varas de bambú. No dejaron que entrara la gente común ni que salieran los estudiantes. Una joven le dijo a un reportero que si bien los estudiantes eran de universidades prestigiosas sus demandas tenían eco en el pueblo. "Lo que están haciendo es para pobres como nosotros", dijo la joven. Fueron abogados, médicos, enfermeros y empresarios a apoyar a los estudiantes.

En el Parlamento los estudiantes coreaban consignas. Otros se reunían con miembros del Parlamento. Por la tarde llegaron camiones militares para llevarlos de regreso a sus respectivas universidades. Sin embargo, miles se quedaron y juraron quedarse hasta que Suharto se largara.

Choques en otras ciudades

El miércoles hubo concentraciones en muchas ciudades del país. Allí el ejército no gozaba de la superioridad que tenía en la capital. Casi medio millón de personas exigieron la renuncia de Suharto en Yogyakarta; hubo saqueos en la zona norte de Yakarta; en Surabaya, la segunda ciudad, los estudiantes chocaron con el ejército; en Medán, donde el ejército mató a seis estudiantes hace un par de semanas, miles se manifestaron frente al Parlamento provincial.

En la Universidad Airlangga, en Suradaya, los soldados arrinconaron a los estudiantes con bayonetas; luego arremetieron contra ellos con un camión con rollos de alambre de púas. Los estudiantes intentaron huir, pero la calle estaba bloqueada por tanques, y les cayeron encima soldados a darles cachiporrazos y puntapiés.

En Semarang, los manifestantes pidieron izar banderas a media asta a lo largo de las calles de su marcha para rendir homenaje a los seis estudiantes que mató el ejército. En Bandung, unas 100.000 personas de todos los sectores sociales organizaron una protesta frente a la Asamblea y dejaron efigies de Suharto en la horca.

Cae un tirano

La clase dominante de Indonesia tuvo que reconocer que la crisis política se intensificaría si Suharto no dimitía. Inmediatamente, empezaron las maniobras e intrigas de diversas fuerzas burguesas de oposición para llegar al poder y parar las protestas populares.

El lunes, unos generales retirados, intelectuales musulmanes, académicos, clérigos, etc., le pidieron a Suharto que renunciara. El martes, después de una reunión con nueve líderes islámicos, anunció que se iría, pero no dijo cuándo, solo que sería después de nuevas elecciones legislativas. Pero eso no convenció ni a los estudiantes ni a otros sectores que exigieron su renuncia inmediata. La clase dominante sabía que la transición "sin desorden" solo sería posible si renunciaba de inmediato.

El propio Partido Golkar de Suharto le pidió que se fuera inmediatamente. En una carta de renuncia, 14 ministros pronosticaban que el país estaba a una semana de una bancarrota total. El presidente del Parlamento, Harmoko, anunció que le daba hasta el viernes para dimitir; luego convocaría una reunión de la Asamblea Consultiva del Pueblo (ACP) para elegir presidente y vicepresidente.

Un poderoso sector del ejército lo apoyaba. Al hacer el anuncio, Harmoko estaba rodeado de cuatro altos mandos militares, entre ellos el líder de la facción militar del Parlamento.

Pero las divisiones en el ejército se acentuaron. El general Wiranto (ministro de Defensa y comandante en jefe de las FFAA) hizo declaraciones de apoyo para los estudiantes y pidió formar un Consejo para la Reforma, con estudiantes y miembros de la oposición, para trabajar con los miembros del Parlamento. Por otro lado, el teniente general Prabowo, yerno de Suharto y comandante de la fuerza responsable de la seguridad de Yakarta, se mantenía firmemente al lado de Suharto y opuesto a su dimisión.

Suharto no hizo caso a los que pedían su renuncia, aun después de que Harmoko, otros líderes del Parlamento y altos mandos militares como Wiranto se lo fueron a pedir personalmente. Pero por fin el miércoles anunció que se iba.

Compinche de Suharto
y militares al mando

El nuevo presidente, B.J. Habibie, que le debe todo a su larga amistad con Suharto, es ingeniero de aeronáutica diplomado en Alemania. Allí trabajó en los años 70 hasta que Suharto le pidió construir la industria aeronáutica de Indonesia. También encabezó la Asociación Indonesia de Intelectuales Musulmanes, una organización aprobada por el gobierno para impedir que el islam se convirtiera en un instrumento de oposición.

Suharto nombró a Habibie vicepresidente en febrero, después de haber aceptado las condiciones del préstamo de 43 billones de dólares del FMI. Una de las "reformas" que requería el préstamo era poner fin a la descarada corrupción que ha caracterizado al gobierno de Suharto. El nombramiento de un hombre considerado como "el hijo de Suharto" fue un repudio a las exigencias de Estados Unidos y del FMI, cuyos voceros ya han dado a conocer su descontento. Dicen que las teorías económicas de Habibie no cuadran con las suyas, que son enjaquimar más a Indonesia a la economía global.

En su primer discurso, el nuevo presidente prometió implementar reformas, depurar el gobierno y cumplir con las exigencias del FMI. Elogió a Suharto por "su servicio a la nación y al país". También agradeció a los estudiantes por "acelerar el proceso de las reformas".

En la calle los estudiantes decían que Habibie es un títere de Suharto y en vez de corear "ĦAbajo Suharto!" coreaban "ĦAbajo Habibie!".

El viernes, cuando se dio a conocer el nuevo gabinete, quedó más claro que no se había dado ningún cambio. Habibie solo eliminó a unos de los más despreciados amigos y familiares de Suharto, como su hija y compañero de golf. Era la misma vieja guardia. La mayoría pertenece al partido de Suharto. Parece que el general Wiranto le ha ganado ventaja al general Prabowo, quien, con otros altos mandos, fue destituido.

Habibie y el nuevo gabinete fueron nombrados hasta el 2003, pero muchos analistas burgueses apuestan que Habibie no durará, y que lo reemplazará un militar como el general Wiranto.

El papel clave del ejército de Suharto durante la transición "ordenada" quedó en evidencia cuando el general Wiranto declaró su apoyo a Habibie, y que continuaría preservando el orden político y protegiendo a la familia Suharto. Otro militar dijo por la TV: "La prioridad es la estabilidad en la ciudad. Estamos aquí para impedir malestares".

Continúan las protestas

Cuando se conoció la renuncia de Suharto hubo celebraciones por todos lados. Pero muchos estudiantes y otros sectores seguían furiosos. Decían: "Necesitamos una reforma global. Hemos tenidos éxito y por eso tenemos que seguir avanzando. Esa es solo una de nuestras demandas; hay muchas más. Queremos acabar con todos los aspectos del gobierno de Suharto". Otros estudiantes coreaban: "ĦSuharto a la horca! ĦDevuelvan al pueblo lo que le ha robado!, ĦAbajo Habibie!".

Los militares se movilizaron para impedir más protestas, pues ahora serían contra Habibie. Amien Rais les pidió a los estudiantes que "le den una oportunidad a Habibie", y después de una reunión con él, dijo: "Comparto con los estudiantes la idea de que no es la mejor alternativa, pero tenemos que ser realistas. Quiero que los estudiantes sean realistas también. No hay por qué demandar que Habibie renuncie inmediatamente.... Es un viejo amigo mío aunque tenemos diferentes ideologías". Después de una visita a Washington dijo que probablemente Habibie no duraría más de tres o seis meses.

El viernes 22, los militares fueron a sacar a los estudiantes del Parlamento. Armados con M-16, macanas y gas lacrimógeno, les ordenaron dispersarse. El sábado todavía quedaban unos estudiantes que no querían obedecer. Una agencia noticiosa informó que "unos 5000 partidarios de Habibie chocaron con una cantidad igual de oponentes del gobierno". Los estudiantes coreaban "ĦAbajo Habibie! ĦSuharto al tribunal!", y la gente movilizada por el gobierno coreaba: "Habibie, número 1".

Maniobras del padrino yanqui
y las demandas del FMI

Durante todo el gobierno de Suharto, Estados Unidos lo apuntaló e Indonesia fue una fuente de estabilidad relativa en el sudeste asiático. Tanto Estados Unidos como Japón y otras potencias tienen muchos intereses económicos en ese país de 200 millones de habitantes. Por tanto, a los imperialistas les preocupa que una grave crisis económica y política sacuda esa región. De ahí su interés en que se cumplan las órdenes del FMI.

En las últimas semanas, cuando se veía venir la caída de Suharto, Estados Unidos procuró no ejercer muy abiertamente su papel de padrino. Los funcionarios del gobierno dijeron que hacer declaraciones públicas sobre la situación podría generar un contragolpe nacionalista.

La posición oficial de Clinton fue: "Queremos que Indonesia decida sola lo que le conviene". Si bien no quería romper con Suharto y sus compinches, se distanció y aconsejó a los militares tratar a los estudiantes con "moderación".

Estados Unidos pidió una reunión con los altos mandos del ejército, probablemente para impedir un mayor deterioro de la situación y seguir influenciando y controlando a los que reemplazarían a Suharto.

Un par de horas antes de que Suharto anunciara que se iba, la secretaria de Estado, Madeline Albright, le pidió "conservar su legado" permitiendo una transición democrática; mejor dicho, le pidió que renunciara. Washington le ha aconsejado a Habibie "llevar a cabo reformas democráticas y económicas en cuanto sea posible". Otros funcionarios del gobierno creen que será un gobierno de transición, porque no les parece capaz de cumplir esas "reformas". Uno explicó que los militares desempeñarán un papel muy importante para determinar si llegará hasta el año 2003. Varios analistas señalan que Estados Unidos tiene buenas relaciones con el general Wiranto. Un cunfionario del gobierno dijo Washington espera "un período de incertidumbre", y señaló que las manifestaciones probablemente continuarán en vista de que hay mucha oposición a Habibie y la crisis económica continuará.

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El FMI suspendió su asistencia después de que estallaron protestas por todo el país, pero volverá a aplicar su plan de rescate si Habibie pone en marcha las "reformas" que exige, aunque por ellas podrían estallar más protestas. Millones de indonesios se hunden en la pobreza y miseria, y nuevas medidas de austeridad podrían despertar más ira, desesperación y rebeldía. La lucha popular corrió a Suharto; es una gran victoria del pueblo. Pero el país sigue en manos de Estados Unidos y los militares siguen en las mismas. Para liberarse verdaderamente el pueblo tendrá que sacar lecciones de las heroicas luchas de las últimas semanas y construir un auténtico movimiento revolucionario para tumbar al gobierno títere y aplastar al capitalismo burocrático y el dominio imperialista.


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