La entrevista del OR

"Voices in the Wilderness" viaja a Irak

Misión de desafío

Obrero Revolucionario #1023, 26 de septiembre, 1999

En noviembre de 1997, Dan Handelman, Joe Zito, Bert Sacks y Randall Mullins viajaron a Irak con la octava delegación de Voices in the Wilderness (VitW, Voces en el Desierto), un grupo que realizó protestas pacíficas contra la guerra del Golfo en 1991, y ahora está desafiando las sanciones económicas de Estados Unidos y la ONU.

En diciembre de 1998, la Secretaría de Hacienda los acusó de violar la ley por "exportar equipo médico y juguetes a Irak". Le puso grandes multas pero VitW se negó a pagarlas, y sigue mandando delegaciones y desafiando las sanciones económicas.

En una declaración de prensa del 30 de diciembre de 1998, la coordinadora de VitW, Kathy Kelly, aclaró: "Respecto a las sanciones económicas, somos objetores de conciencia. No permitiremos que el gobierno salga con pretextos de democracia o de seguridad nacional para obligarnos a cooperar con una estrategia que mata de hambre a los iraquíes, y los priva de equipo médico, medicinas y productos de primera necesidad. No participaremos en estas sanciones que convierten la medicina y la comida en armas, y han provocado la muerte de más de un millón de personas".

Estados Unidos y su aliado imperialista Gran Bretaña se niegan a levantar dichas sanciones mortíferas que, según el Ministerio de Salud iraquí, mataron a 8000 niños y ancianos en el mes de junio. Por otra parte, siguen atacando al territorio iraquí y, como siempre, Estados Unidos dice que sus bombarderos actúan en "defensa propia". Aquí en este país todo el mundo sabe que la chota balea a gente desarmada y dice que es en "defensa propia". Pues, los yanquis le hacen igual al pueblo iraquí; por ejemplo, en un bombardeo el 18 de julio murieron por lo menos 17 civiles.

Hace unos meses, el OR entrevistó a dos miembros de la octava delegación de VitW sobre su viaje a Irak y las amenazas que les ha hecho el gobierno:

OR: Cuéntennos de las acusaciones contra ustedes.

Don Handelman: Fuimos a Irak con "Voices in the Wilderness" (VitW) en pleno desacato al gobierno estadounidense y las sanciones de la ONU: llevamos medicina a los hospitales iraquíes y condenamos la injusta política de nuestro gobierno. Durante ese tiempo, Estados Unidos amenazaba con bombardear a Irak de nuevo.

De regreso, nos pararon en la aduana y nos confiscaron todas las cosas dizque compradas en Irak, hasta videos y rollos de fotos que tomé. Cuando les preguntamos por qué, nos contestaron: "Porque son pruebas de un crimen". Me daban ganas de responder: "Ah, sí, es cierto, son pruebas de un crimen contra la humanidad", no más que se me pasó el momento y salimos del aeropuerto sin las cosas.

Como a las dos semanas nos notificaron por correo que nos confiscaron las cosas porque eran de origen iraquí y que teníamos un plazo de 30 días para protestar; así que mandamos una nota de protesta. Después la aduana entregó todo a la Oficina de Control de Bienes Extranjeros, una rama del Departamento de Hacienda.

Joe Zito: Pasó un año sin mayor noticia, cuando de repente avisaron que nos iban a multar $10.000 a cada uno y $120.000 a VitW. Bueno, teníamos plena conciencia de que violábamos la ley al llevar juguetes y medicinas a Irak, ya que Estados Unidos prohíbe tanto viajar a Irak como exportar o importar cualquier artículo de valor.

DH: En ese momento, como que nos dio qué pensar, pero luego dijimos órale y le entramos a la lucha con muchas ganas de pelear contra esa ley, pues ese siempre fue el motivo del viaje. Nuevamente nos dieron un plazo de 30 días. Platicamos un buen rato sobre la mejor respuesta y consultamos a abogados. El historiador Howard Zinn escribió una carta sobre la desobediencia a leyes injustas. Richard Falk, profesor de derecho internacional, escribió otra. El padre Simon Harak, un miembro de VitW, escribió sobre los motivos morales y religiosos de nuestra conducta. En diciembre de 1998, VitW entregó las cartas a las autoridades en Washington, D.C., junto con un montón de hojas firmadas por gente que se comprometió a ser parte de la "conspiración de violar las sanciones". Estamos en espera de la repuesta.

OR: ¿Qué cosas llevaron al pueblo iraquí?

DH: Medicina, equipo médico y juguetes. Productos imprescindibles, como aspirina, jarabes para la tos, antibióticos, jeringas, lo más básico. También monos, pelotas de tenis, cositas que cupieran en las maletas.

JZ: Queríamos hacer algo por los niños que han sufrido tanto, que han visto morir a sus hermanitos y perdido a sus padres en las guerras. A veces el gobierno estadounidense permite llevar medicina, pero juguetes no, porque las sanciones internacionales prohíben importar artículos de valor que no sean alimentos o medicina. Así que llevamos muchos juguetes y lápices, los cuales están prohibidos porque supuestamente el grafito puede emplearse para fines bélicos. ¡Me imaginaba a todos los generales iraquíes sacando punta a los lápices y coloreando los aviones con grafito!

OR: ¿Cuál es la situación del pueblo iraquí? ¿Cómo los afectan las sanciones?

DH: Es muy impresionante. Apenas entramos a Bagdad, estábamos en un semáforo en rojo y una niña como de cuatro años subió al estribo del carro para pedir dinero; no se quería bajar ni cuando cambió el semáforo. Nos impactó porque era muy pequeña y porque antes de las sanciones no se veía eso; pedir limosna es considerado una vergüenza.

Los tres hospitales que visitamos estaban llenos de niñitos severamente desnutridos, como si un desastre natural hubiera arrasado las cosechas. Donde antes el pueblo se alimentaba bien y el sistema médico era el mejor de la región, ahora los niños mueren de diarrea y desnutrición. Ahí en el hospital, estaba filmando un video, y una señora me miró y le dijo a la cámara, en árabe: "Dios mío, por favor, tenga piedad de nuestros hijos". Nos enseñó la mano de su hijito que no dejaba de sangrar, por más que se la limpiaba. El doctor nos explicó que a los niños deshidratados les sale sangre espontáneamente y no se puede detener.

En Irak, la iglesia católica se llama la iglesia caldea. Una monja caldea que maneja un hospital particular nos dijo que atienden a muchas personas con dolencias muy graves, pero al examinarlas, no encuentran ningún problema físico, sino que sufren de presión psicológica severa. Hay personas que se mueren de tristeza, porque no tienen ninguna esperanza de que levanten las sanciones.

JZ: En muchos barrios las aguas negras corren por la calle. En Basora hablamos con un experto italiano que trabajaba en unos proyectos de tratamiento de aguas. Dijo que antes de la guerra, tenían un sistema bastante moderno: hasta los barrios pobres tenían servicio, aunque no era de lo más avanzado. Ahora la tubería está rota, las bombas de agua están descompuestas, las plantas de tratamiento no funcionan y hay escasez de cloro. En algunas partes, las aguas negras corren directamente a los ríos.

Los niños están apiñados en los hospitales y los doctores, agotados. Confiesan que se han vuelto duros porque han presenciado la muerte de centenares y centenares de niños, muchos más de lo que hubieran presenciado en tiempos normales.

Cada vez que enseño las fotos de Irak a gente aquí, digo: "Sea cual sea su posición sobre las sanciones, deben tomar en cuenta las consecuencias y quienes las sufren. Miren las fotos: esta es la realidad. No creo que seguirán apoyando las sanciones después de ver estas imágenes, pero si lo hacen, que sean conscientes de las consecuencias".

OR: ¿Cuál fue la reacción del pueblo iraquí a su visita?

DH: Es interesante. Como ya mencioné, en ese tiempo Estados Unidos había juntado grandes fuerzas bélicas en la región y amenazaba con bombardear el país. Por eso nos preguntábamos: ¿cómo nos recibirá la gente? Caminábamos por la calle y los saludábamos en árabe: "Salaam alaikam", y nos respondían: "Alaikam salaam". Luego nos preguntaban: "¿De dónde son?" y contestábamos: "Pues, de Estados Unidos". Que me acuerde, todos sin falta respondieron: "Ah, de Estados Unidos, bienvenidos". Quedé admirado porque en este país [Estados Unidos] hay tanto racismo e intolerancia: cuando detonaron la bomba en las oficinas federales de Oklahoma City, se suponía que los culpables eran árabes. Sin embargo, allá nos dieron la bienvenida, aunque había pintas en las banquetas, ¡"Abajo Estados Unidos!", "¡Abajo América!". Es más, cuando oían que llevábamos medicina a los niños en los hospitales, no nos cobraban el taxi ni la comida. Les decíamos: "No, no podemos aceptar eso, pues están necesitados. Por eso vinimos. Precisamente por ese motivo estamos aquí".

JZ: Están orgullosos de lo que han logrado. Nos enseñaban nuevas construcciones y zonas que han reconstruido. Querían que el pueblo estadounidense se enterara, que comunicáramos esa imagen. Y por supuesto, se enorgullecen de sus hijos. Todo mundo quería que les sacáramos la foto con los hijos, y que las lleváramos de regreso a nuestro país. Si hablaron con coraje, fue contra los políticos estadounidenses.

Me encariñé luego luego con el pueblo iraquí. Me daba tanto gusto conocer al "pueblo enemigo", a los que pintan como una chusma de fanáticos. Me di cuenta de que es gente común y corriente que sale a comer y a pasear con los hijos, va a misa o a la mezquita, en fin, gente como nosotros con problemas cotidianos que no tienen que ver con la política internacional. Para mí, eso fue lo más bonito del viaje: conocer a los que nos prohíben conocer, a quienes tachan de malos.

OR: Les dio la impresión de que deslindaban entre ustedes y el gobierno.

DH: Definitivamente. Y muchas veces los estadounidenses no percibimos esa diferencia.

OR: Según Estados Unidos, los responsables de las carencias son el gobierno iraquí y Saddam Hussein, ya que el programa de "petróleo por alimentos" de la ONU permite a Irak vender suficiente petróleo para alimentar al pueblo. ¿Qué comentan sobre eso?

DH: En 1996, la ONU inició el programa "petróleo por alimentos" con la Resolución 986, la cual permite a Irak vender una cantidad de petróleo valorado en $2 billones cada seis meses. Pero el 30% de las divisas les tocan a Kuwait, Egipto y otros países como indemnización, y el 3% a la ONU para gastos de administración; así que a Irak sólo le quedan dos tercios. A principios de 1998, la ONU aumentó el límite a $5,2 billones, pero Irak no ha podido producir esa cantidad y además el precio del petróleo ha bajado constantemente. Hagamos el cálculo: dos tercios de $2 billones son 25 centavos al día por cada iraquí para comida y medicina. Ahora, si pudieran vender los $5,2 billones, les tocarían 60 centavos al día, que es una miseria.

JZ: Hablamos con Eric Falt, un empleado de la dependencia de la ONU que creó y administró el programa. Nos dijo que se trata de una válvula de escape, una forma de quitar la presión contra las sanciones, crear la impresión de ayudar al pueblo. El tipo nos miró de frente y nos dijo bien claro: "El objetivo del programa de `petróleo por alimentos' no era de resolver la crisis humanitaria de la población civil". Quedamos bien extrañados y le dijimos: "¿Cómo?". Explicó que pretendía evitar el deterioro de la situación, pues saben que perderán apoyo internacional para las sanciones si el deterioro llega a un grado extremo. Cuando se inició el programa, morían de 3000 a 6000 niños al mes, y consideraban que eso era aceptable. No negaban que las sanciones causaban esos muertos; tenían la oportunidad de resolver la situación con el programa, pero sólo permitieron un raquítico mejoramiento.

OR: ¿Y la destrucción de la infraestructura por los bombardeos de la guerra del Golfo? Según he leído, se necesitan $14 billones simplemente para componer el sistema de electricidad.

DH: Así es. Dice Dennis Halliday [ex coordinador del programa de "petróleo por alimentos", quien se retiró de la ONU en señal de protesta contra las sanciones] que llevará diez años reparar la infraestructura del país. Impusieron esas sanciones encima de la destrucción de la guerra del Golfo, donde Estados Unidos y sus aliados bombardearon los sistemas de electricidad, de agua potable y de tratamiento de aguas negras. En el sur de Irak las aguas negras corren por las calles y los niños descalzos juegan en ellas.

OR: Fueron al refugio antiaéreo Amiriyah, bombardeado por Estados Unidos durante la guerra del Golfo. ¿Qué observaron?

DH: Bombardearon Al Amiriyah en febrero de 1991 e incineraron a 400 personas. Todas las víctimas eran civiles, no sé de ningún militar. Las incendiaron y su carne quedó pegada a las paredes. Me impresionaron muchísimo esas imágenes imborrables. La mujer que nos enseñó el lugar perdió a sus hijos ahí. Aquella noche fue a la casa de una amiga, pero luego dijo: "Mejor regreso al refugio"; su amiga contestó: "Pasas todas las noches ahí. Quédate aquí esta noche". Esa noche perdió a toda la familia. Se mudó al refugio y se dedicó a ser guía, a enseñarlo a los visitantes. Los familiares de las víctimas les hicieron altares conmemorativos.

JZ: Era una "bomba inteligente" de Estados Unidos. En el refugio han puesto un sistema rudimentario de luz y han colgado fotos de los muertos, o si no, retratos pintados. Los familiares han puesto las cosas favoritas de sus muertitos, como libros o juguetes, y ponen flores.

Estados Unidos dice que fue "un accidente, una desgracia", pero incluso si aceptamos que fue accidental, ¿qué me dicen de los otros blancos, como plantas de tratamiento de aguas y otros elementos de la infraestructura?; esos bombardeos resultaron en la muerte de muchísimos civiles. Aunque no echen bombas encima de una persona, si bombardean lo que necesita para vivir, lo matan igual.

OR: ¿Qué nos cuentan de la decisión de ustedes y de VitW de no pagar las multas?

JZ: Uno de los delegados habló por todos cuando dijo: "No les doy más fondos que les sirvan para matar a niños". Eso es. No daré ese dinero al gobierno para que siga matando a niños con esas sanciones ni para las otras matanzas que hace.


Este artículo se puede encontrar en español e inglés en La Neta del Obrero Revolucionario en:
http://rwor.org
Cartas: Box 3486, Merchandise Mart, Chicago, IL 60654
Teléfono: 773-227-4066 Fax: 773-227-4497
(Por ahora el OR/RW Online no se comunica por correo electrónico.)