Oleoducto de avaricia

El imperialismo yanqui y el petróleo del mar Caspio

Obrero Revolucionario #1035, 19 de diciembre, 1999 "Un coctel de petróleo y política: Estados Unidos quiere acabar con la dominación rusa del Caspio".

Titular del New York Times, 20 de noviembre de 1999

"No es simplemente otro negocio importante de petróleo o gas natural ni es simplemente un oleoducto más. Se trata de proyectar los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos, es decir, de nuestra visión estratégica del futuro del Caspio".

Bill Richardson, secretario de Energía de Estados Unidos, 18 de noviembre de 1999

"Al que roba una manzana le dicen ladrón, al que roba un país le dicen emperador".

Dicho popular

"Nota a los maestros: Ubiquen el Caspio en el mapa y márquenlo para los niños, pues en unos 20 años, quizás en 10, es posible que se encuentren desplegados ahí".

Paul Starobin, "The New Great Game", National Journal (revista para los encargados
de formular la política económica, publicada en Washington)

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El 18 de noviembre de 1999, el presidente Clinton estuvo en Estambul, Turquía, cuando los gobiernos de cuatro países firmaron un importante acuerdo. Su gran sonrisa comprobó que el acuerdo representa un triunfo para Estados Unidos y sus planes de controlar los campos petrolíferos del mar Caspio.

Tras varios años de presiones e intrigas, los gobiernos de Turquía, Georgia, Azerbeiyán y Kasakistán firmaron un pacto para la construcción de un oleoducto de 2000 km de Bakú, el centro petrolero del mar Caspio, al puerto de Ceyhán, en el sur de Turquía. Si el proyecto se cumple, el petróleo de esa región, que antes era el recurso natural más importante del imperio soviético, llegará al mundo por medio de un oleoducto controlado por el imperialismo yanqui y sus aliados.

Estados Unidos apretó el control del petróleo del golfo Pérsico a través de la guerra del Golfo de 1991 y ahora busca dominar los nuevos campos petrolíferos que se abran al mercado mundial.

No es que Estados Unidos necesite el petróleo del Caspio para abastecer su propia industria; pero le interesa controlarlo porque otros países necesitan ese petróleo y Estados Unidos quiere controlar a esos países. Es decir, sus rivales imperialistas, como Alemania y Japón, no tienen energéticos y dependen del petróleo extranjero. Asimismo, la mayoría de los países del tercer mundo se abastecen de petróleo importado.

Por otra parte, al controlar la nueva producción petrolera del mar Caspio, Estados Unidos reforzará su hegemonía de los países árabes y del golfo Pérsico, y podrá manipular mejor los conflictos entre ellos.

Además, al arrebatarle a Rusia esos campos petrolíferos, le asestará un golpe contundente a sus planes de recuperar el lugar de potencia imperialista mundial. El petróleo barato del mar Caspio fue imprescindible para forjar un bloque militar después de la restauración del capitalismo en 1956. Perder control de él perjudicaría gravemente al imperialismo ruso y peleará por defenderlo.

El propósito del intenso bombardeo de Chechenia, entre otros operativos militares del imperialismo ruso, es precisamente defender su influencia en el Caspio.

Las maniobras hegemónicas de Estados Unidos en el Caspio provocarán una respuesta de sus rivales y representan una siniestra amenaza a los pueblos del mundo.

Se trata de maniobras de un gran opresor que busca imponerse como "única superpotencia global" en el siglo 21, es decir, controlar las vidas, los recursos, el trabajo y el futuro de cientos de millones de personas.

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El nuevo "gran juego" de Asia Central

"La estrategia estadounidense busca socavar la posición internacional de Rusia y sacarla de regiones estratégicas del mundo, sobre todo del Caspio, Transcaucasia y Asia Central".

Igor Sergeyev, ministro de Defensa de Rusia

El mar Caspio tiene dos zonas de campos petrolíferos: una está bajo el mar al este de Bakú, la capital de Azerbeiyán; la otra está en Tengiz, al otro lado del mar Caspio, en el país de Kasakistán. Además, hay grandes yacimientos de gas natural en toda la región.

Los campos petrolíferos explorados de Kasakistán son más grandes que los de Nigeria o Libia, y los campos inexplorados podrían ser cinco veces mayores, es decir, se cree que hay tanto petróleo en el Caspio como en Irán o Kuwait.

Con el triunfo de la revolución rusa en 1917, los países de Azerbeiyán y Kasakistán se incorporaron a la Unión Soviética. Se construyeron oleoductos de esas repúblicas soviéticas hacia el norte a Rusia y, de 1917 a 1956, ese petróleo nutrió la primera economía socialista del mundo. Durante la II Guerra Mundial, Hitler se propuso tomar el petróleo de Bakú y sufrió una derrota devastadora en Stalingrado. Cuando las fuerzas capitalistas tomaron el poder en la Unión Soviética en 1956, el petróleo del Caspio abasteció su imperio y su alianza militar socialimperialista.

En 1989, la Unión Soviética se derrumbó y la república central de Rusia entró en una crisis económica, política y militar. Las repúblicas del Caspio se declararon independientes, y su petróleo y gas natural quedaron "al mejor postor". Desde hace tiempo el imperialismo yanqui soñaba con arrancarle a la Unión Soviética las repúblicas de Asia Central y sus campos petrolíferos. Con el derrumbe de la Unión Soviética, vio su gran oportunidad.

El poeta del imperialismo inglés Rudyard Kipling habló del "gran juego", la aguda lucha de fines del siglo 19 entre los imperialistas rusos e ingleses para controlar los recursos y pueblos de Asia Central, de Afganistán a Turquía. Con el derrumbe de la Unión Soviética en 1989, los ideólogos imperialistas empezaron a hablar del "nuevo gran juego".

Como conquistadores prepotentes, un consorcio de 11 transnacionales petroleras abrieron oficinas en el Caspio. Atlantic Richfield, Chevron, Exxon, Mobil, Pennzoil, Philips Petroleum, Texaco y sobre todo la nueva supercorporación inglesa/estadounidense BP Amoco compraron por billones de dólares las compañías de la era soviética y derechos de exploración. Por su parte, la administración Clinton estableció un "equipo interdepartamental", bajo el Consejo de Seguridad Nacional, para dirigir la conquista geopolítica del mar Caspio.

Las intrigas han ocurrido tras bastidores pues estos acuerdos se realizan dentro de la clase dominante yanqui, que ha maniobrado a través de compañías de petróleo, delegaciones semisecretas y conexiones militares, además de otorgar fondos a los medios de comunicación pro occidentales. Durante los últimos 10 años se ha cultivado una red de agentes pro yanquis en todos los países de Asia Central.

Oleoducto, oleoducto, ¿quién controla el oleoducto?

"Es como un juego de póker por un oleoducto. El Caspio es terrible. Es un mar interior. Podemos extraer un montón de petróleo, pero ¿cómo lo vamos a sacar de ahí?"

Petrolero de Texas en el bar "Ragin' Cajun" de Bakú

"Es muy evidente que los energéticos del Caspio son un tema candente en los países occidentales, y algunos de ellos buscan excluir a Rusia del juego y socavar sus intereses. La `guerra del oleoducto' es parte del juego".

Boris Yeltsin, presidente ruso, 1998

Las transnacionales petroleras gastarán billones de dólares en equipo y trabajadores para extraer el petróleo del mar Caspio, ¿pero cómo van a transportar los millones de barriles que extraerán?

El mar Caspio es un mar interior que queda muy lejos de los centros industriales del mundo; así que será necesario construir oleoductos en zonas políticamente inestables y explosivas. Quien controle los oleoductos, controlará el petróleo.

Rusia propuso construir un nuevo oleoducto hacia el norte, paralelo al viejo oleoducto de Bakú a Novorossisk, y construir oleoductos de Tengiz a Novorossisk.

Irán propuso construir un oleoducto hacia el sur a través de su territorio, de Bakú al puerto de la isla iraní de Kharg. Ese proyecto convertiría al Caspio en un anexo del golfo Pérsico, y fortalecería la posición de Irán y los demás países del Golfo en la industria petrolera mundial.

Algunas compañías apoyaron el proyecto iraní porque era el más barato. Además, pensaban que el oleoducto les daría más influencia dentro de Irán, o sea, que fortalecería el control imperialista de dicho país estratégico.

Estados Unidos, en particular la administración Clinton, se opuso firmemente a todo oleoducto "norte/sur" y, en cambio, adoptó el plan del ideólogo imperialista Zbigniew Brzezinski de construir un oleoducto "este/oeste", que no pase ni por Rusia ni por Irán.

Es decir, Estados Unidos se propone quitarle el control de ese petróleo a Rusia y quiere que los campos petrolíferos del Caspio sean completamente independientes del golfo Pérsico con el fin de socavar la influencia de los países del Golfo en la economía mundial.

Estados Unidos propone construir un oleoducto que empiece en Bakú y pase por Azerbeiyán, dé un rodeo para no pasar por Armenia, un aliado ruso, y luego pase por Georgia y Turquía. Recorrería las zonas curdas de Turquía, donde el pueblo curdo libra una lucha armada contra su opresión, y terminaría en un puerto cerca de Ceyhán en el mar Mediterráneo.

Además, propone un gasoducto de 1600 km de Turkmenistán a la ciudad de Erzurum en Turquía.

Turquía, agente imperialista

Turquía juega un papel central en el plan yanqui. En primer lugar, el petróleo del Caspio pasaría por Turquía y, en segundo lugar, esta jugará un papel clave para realizar el proyecto. Es decir, se le ha encargado infiltrar y ejercer influencia política en Azerbeiyán y Kasakistán, los "Nuevos Estados Independientes" que producirán el petróleo.

Se le considera el país ideal para esa tarea porque es un "aliado confiable" de Estados Unidos y Alemania, es decir, es dominado por esos países imperialistas y tiene un gobierno militar fascista que es miembro de la OTAN. Además, la población mayoritaria de Turquía comparte idioma y cultura con los pueblos de Azerbeiyán y Kasakistán, y demás pueblos turcos de Asia Central.

Durante cinco años Estados Unidos ha presionado a los gobiernos de la región para que apoyen su proyecto y a las transnacionales petroleras para que lo financien. Por otra parte, ha reafirmado su apoyo a la ofensiva política y militar del gobierno turco contra los curdos, por cuyas tierras pasará el oleoducto.

Uno de los principales motivos del ataque yanqui a Serbia el año pasado era impedir que Turquía se viera involucrada en las guerras de los Balcanes. Cuando Yugoslavia empezó a tambalearse a principios de la presente década, el secretario de Estado yanqui James Baker dijo: "No es nuestra pelea", porque la pelea entre Serbia y Croacia no afectaba a los intereses yanquis. Sin embargo, Turquía tenía vínculos estrechos con Albania, y cuando la guerra se extendió a Kosovo, Estados Unidos se metió para impedir que estallara un conflicto militar entre Turquía y los países vecinos de Grecia y Bulgaria. A Estados Unidos le convenía que Turquía se concentrara en su papel asignado de pacificar a Curdistán e infiltrar Asia Central. [Véase "Aves de rapiña yanquis acechan los Balcanes: Los motivos imperialistas de la guerra de la OTAN contra Yugoslavia", OR No. 18, abril de 1999, La Neta del Obrero Revolucionario: rwor.org]

Dares y tomares

"Para las compañías petroleras, lo más importante en cuanto a la ruta es la cuestión económica, pero para la administración Clinton las consideraciones estratégicas tienen mayor peso".

New York Times, 21 de noviembre de 1999

Desde el principio, las transnacionales petroleras tenían graves dudas acerca del oleoducto Bakú-Ceyhán, que ellas debían financiar, pues era la ruta más cara y los gastos podrían sobrepasar $4 billones (el doble del costo de la ruta Bakú-Kharg propuesta por Irán).

Además, temían que la cantidad de petróleo fuera insuficiente para hacer rentable el oleoducto, sobre todo si el precio del petróleo seguía bajo y si se construían otros oleoductos en la región. En noviembre de 1998, Rusia, Kasakistán y Chevron anunciaron que iban a construir un oleoducto, a un costo de $2 billones, de Tengiz al puerto ruso de Novorossisk. Si Tengiz mandaba todo su petróleo por Rusia, el oleoducto Bakú-Ceyhán solo tendría la producción de Bakú.

En ese momento, Estados Unidos tomó cartas en el asunto; dijo que la construcción de los oleoductos del Caspio no debía decidirse por los dares y tomares de los banqueros y las compañías petroleras de Estados Unidos y Europa, pues había que considerar los intereses geoestratégicos globales, es decir, quién va a controlar los energéticos del mundo.

La administración Clinton se portó como gángsteres de primera, usando sus palancas y haciendo amenazas para que todas las demás propuestas "desaparecieran", que solo quedara su propuesta del oleoducto Bakú-Ceyhán y que fuera el más rentable.

Una oferta que no se puede rechazar

Primero, Estados Unidos vetó el oleoducto iraní. Anunció que no levantaría la prohibición de que las compañías estadounidenses hagan negocios en dicho país, y san-se-acabó el proyecto iraní.

"De repente" el proyecto ruso de un oleoducto hacia el norte se topó con un obstáculo formidable: estalló una guerra en Chechenia y Daguestán, zonas fronterizas de Rusia por donde se transporta el petróleo de Bakú al puerto ruso de Novorossisk en el mar Negro.

La guerra estalló en Daguestán en agosto de 1999, justo cuando el viejo oleoducto Bakú-Novorossisk dejó de funcionar y las compañías petroleras rusas trataban de transportar el petróleo por ferrocarril. Se extendió a Chechenia, donde el ejército ruso lanzó una campaña cruel para aplastar la resistencia y pacificar la región. Actualmente hay 200.000 refugiados y probablemente 4000 muertos, y se ha destruido esa pequeña nación.

La guerra echó a pique el proyecto del nuevo oleoducto ruso, justo cuando las compañías petroleras tenían que tomar una decisión. Desde luego, no se puede comprobar que los yanquis atizaron a los separatistas musulmanes de Chechenia, pero ¡qué dichosa casualidad para ellos!

El ministro de Defensa ruso acusó a Estados Unidos de incitar un "conflicto armado permanente de baja intensidad" en la región.

En abril de 1999, se abrió un nuevo oleoducto de Bakú al puerto de Supsa en Georgia, con el respaldo de Estados Unidos. Transportará el petróleo que pasaba por Chechenia y Daguestán. Ahora se puede sacar el petróleo producido en Azerbeiyán, independientemente del desenlace del conflicto en Chechenia.

Ese oleoducto es chico y no podrá transportar la enorme cantidad de petróleo que se prevee para el año 2004. Sin embargo, transportará una gran parte de la producción petrolera hasta que se termine la construcción del oleoducto Bakú-Ceyhán. El oleoducto de Supsa abastecerá a Ucrania y aumentará la influencia yanqui en ese extenso país de agricultura e industria muy importantes.

Por último, Turquía anunció que "descubrió" que los barcos petroleros que pasarán por el estrecho del Bósforo del mar Negro podrían causar graves problemas ecológicos. Mejor dicho, amenazaba con bloquear los barcos encaminados al puerto de Novorossisk y eso naturalmente desanimó a los inversionistas que pensaban construir un oleoducto a Novorossisk.

Con todas estas circunstancias, el único oleoducto viable era el que proponía Estados Unidos, es decir, es "una oferta que no se puede rechazar".

El acuerdo de Estambul

En noviembre de 1999, los representantes de muchos gobiernos se reunieron en Estambul, Turquía, en la cumbre de la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE). Para entonces, Estados Unidos había obligado a los países de la región a dar las garantías y financiamiento que las transnacionales pedían, y ya era posible concluir un nuevo acuerdo. Clinton voló a ponerle el sello.

  • Turquía, Azerbeiyán, Georgia y Kasakistán avalaron el oleoducto Bakú-Ceyhán.
  • Turquía prometió sufragar los costos de construcción, más de $1,4 billones, de su segmento del oleoducto. Así la construcción del oleoducto se volvió tan económica, para las compañías petroleras, como el oleoducto propuesto por Irán.
  • Kasakistán prometió mandar 20 millones de toneladas de petróleo anuales a Bakú por un tubo que se construirá bajo el agua y de ahí irá a Ceyhán por el oleoducto.
  • El proyecto ruso del oleoducto Tengiz-Novorossisk quedó hecho papilla.

    En resumidas cuentas, se garantizó la rentabilidad del oleoducto y se garantizó que recibirá toda la producción del Caspio. El costo de dichas "garantías" lo pagarán (supuestamente) los países de la región. El padrino yanqui dio su bendición.

    Se proyecta terminar el nuevo oleoducto para el año 2004, cuando se espera que la producción alcanzará un millón de barriles diarios.

    El drama se complica

    "La dominación de los mares Negro y Caspio... es de vital importancia para el sur de Rusia. Si Rusia limitara su visión a las cumbres nevadas del Cáucaso, perderíamos nuestra influencia en la mitad del continente de Asia... y en poco tiempo llegaría otro amo a dominarla".

    Rostislav Fadeev, general ruso, por los años 1850, al comienzo del primer "gran juego" por Asia Central

    "Chechenia es apenas el primer problema de la región, pues Rusia no se va a quedar de brazos cruzados mientras, desde su perspectiva, Estados Unidos socava sus intereses estratégicos en la región".

    Martha Brill Olcott, investigadora estadounidense, experta en el Caspio, New York Times, 19 de noviembre

    "`Si bien Asia Central no está en crisis, está muy cerca de ella', dijo Gavin Graham, gerente de la compañía Royal Dutch Shell. Sin mencionar a Rusia o Irán, le dijo a una reunión de industrialistas petroleros en Turkmenistán que sus países rivales podrán conspirar para perjudicar la rentabilidad en Asia Central, una región sin acceso al mar".

    Wall Street Journal

    "Al parecer el señor Clinton ha pasado por alto el hecho de que Rusia tiene un poderoso arsenal nuclear.... Jamás ha podido imponer su voluntad al mundo entero y jamás podrá hacerlo.... Nosotros nos impondremos, no solo él".

    Boris Yeltsin, al defender la reconquista de Chechenia, 9 de diciembre de 1999

    Con los acuerdos de Estambul, ahora pueden empezar a reunirse los billones para financiar el oleoducto Bakú-Ceyhán. Hay que juntar ese capital para octubre de 2000 y empezar poco después la construcción para cumplir con la fecha proyectada de 2004, cuando se espera que la producción del Caspio alcanzará niveles muy altos.

    Sin embargo, los imperialistas rusos buscarán reimponer su hegemonía, o sea, buscarán la forma de socavar el proyecto del oleoducto Bakú-Ceyhán.

    Se proponen pacificar Chechenia y las regiones colindantes, y restablecer un oleoducto viable por Rusia. Además, están fortaleciendo su presencia militar en el Caspio; han enviado aviones MIG y misiles a sus bases en Armenia.

    Por otro lado, el proyecto del oleoducto Bakú-Ceyhán necesita un gobierno pro Occidente en Georgia. Actualmente, Estados Unidos cuenta con tal gobierno en la persona del presidente Eduard Shevardnadze, quien era el ministro del Exterior del gobierno de Gorbachov. Pero Rusia quiere deshacerse de él: en 1998, Shevardnadze lidió con una insurrección armada, un gran movimiento separatista y un atentado de comandos.

    "Un conflicto permanente" en Georgia les conviene a los imperialistas rusos tal y como "un conflicto permanente" en Chechenia les conviene a los imperialistas yanquis.

    Las armas de la OTAN en el Caspio

    Por ahora, el "nuevo gran juego" por el Caspio se juega con dólares e ingerencia diplomática, pero las grandes potencias saben muy bien que podrían entrar en juego los golpes de estado y guerras. Por eso, Estados Unidos se ha empeñado en extender su influencia militar en Asia Central (aunque eso se mantiene callado).

    Si bien ha reclutado abiertamente a la OTAN a varios ex aliados de la Unión Soviética en Europa oriental, se ha valido de otras tácticas en Asia Central. Hace seis años, la OTAN creó una subalianza llamada "Partners for Peace" (Socios por la Paz, PFP por sus siglas en inglés) que ha entrenado, armado y desplegado fuerzas militares en las regiones del mar Caspio y el mar Negro. La diferencia entre la OTAN y PFP es, en palabras de un oficial de la OTAN, "casi nula".

    A través de PFP, Azerbeiyán, Georgia, Usbekistán, Kasakistán y Turkmenistán tienen enlaces militares en el Cuartel Supremo de la OTAN, y PFP ha creado un batallón para la paz en Asia Central (CENTRASBAT), que es el embrión de una fuerza militar bajo la batuta de la OTAN. Además, en abril de 1999, en la cumbre de la OTAN que celebró su 50 aniversario, se formó una alianza antirrusa (GUUAM) con participación de las ex repúblicas soviéticas de Georgia, Ucrania, Usbekistán, Azerbeiyán y Moldavia.

    Azerbeiyán y Georgia tienen vínculos militares muy estrechos con la OTAN, y los ejércitos yanqui y turco les dan armamento del tipo que emplea la OTAN. Azerbeiyán ha firmado un tratado de defensa mutua con Turquía y un "acuerdo de defensa" con Estados Unidos.

    PFP ha dado adiestramiento militar en Turquía a 4000 oficiales de los países del Cáucaso, principalmente de Azerbeiyán, y soldados de ese país participaron en un batallón turco durante la guerra de los Balcanes. Esa fue la primera vez que la OTAN desplegó una unidad militar del Caspio. Además, Turquía-un gobierno sumamente represivo-ha dado capacitación a miles de funcionarios de gobierno, fiscales y policías de Georgia, Azerbeiyán y Usbekistán.

    En 1997, la OTAN organizó prácticas navales-Operación Brisa del Mar-en el mar Negro para dejar en claro quién controla ese mar y el comercio petrolero marítimo. En el momento que las tropas rusas salían de Georgia, el buque insignia de la sexta armada yanqui entraba al puerto de Poti. Hasta la fecha se han realizado más de cien programas y actividades conjuntas de las fuerzas armadas de la OTAN y Georgia, como los ejercicios militares en el puerto petrolero de Supsa en 1998.

    En mayo de este año, el ejército yanqui organizó prácticas conjuntas en Kasakistán (oficialmente las llamaron "ejercicios de ayuda internacional para desastres"). Ese mismo mes Turkmenistán canceló el acuerdo con PFP y permitió a tropas rusas patrullar su frontera sur con Irán y Afganistán.

    En febrero del presente, el asesor presidencial azerbeiyaní Vafa Guluzade causó un escándalo al proponer que Estados Unidos estableciera una base aérea de la OTAN en la península Apsheron cerca de Bakú. Rusia e Irán objetaron y Estados Unidos respondió que en ese momento no se estaba considerando la propuesta.

    En noviembre, un parlamentario azerbeiyaní propuso que la OTAN formara una unidad especial para proteger el oleoducto Bakú-Ceyhán y el presidente de Chechenia pidió la intervención de la OTAN contra la invasión rusa de su país.

    Hasta ahora les va muy bien a los yanquis y la OTAN, pero fuerzas de la clase dominante estadounidense cuestionan si es posible cumplir con compromisos económicos y militares a una distancia tan grande, es decir, en la frontera sur de Rusia. Dicen abiertamente que si se espera que soldados yanquis vayan a pelear y morir en una nueva guerra por el mar Caspio, se debe empezar desde ahora mismo a explicarle a la opinión pública la importancia de la región.

    ¿Por qué los llamamos imperialistas?

    "La importancia estratégica del Caspio siempre ha sido evidente, jamás ha sido simplemente por el petróleo".

    Zbigniew Brzezinski, arquitecto yanqui del nuevo gran juego

    "Por qué los llamamos imperialistas? Porque explotan y oprimen a la gente por todo el mundo. Han desarrollado un imperio y harán cualquier cosa para preservarlo. Es la misma gente que nos roba y explota, degrada y humilla todos los días, y le hace lo mismo, y le gustaría hacerlo más, a la gente de todo el mundo. Es por eso que lo llamamos imperialismo, porque eso es lo que es".

    Bob Avakian, Presidente del Partido Comunista Revolucionario,EU

    Los yanquis posan de grandes defensores de la "libertad" y los derechos humanos en el Caspio, al igual que en el mundo entero. Hablan de enseñar a los pueblos de la región los principios de "democracia estadounidense" y ¡mandan expertos del gobierno fascista de Turquía a dar cursos de capacitación! Dicen que van a acabar con los ataques de los militares rusos contra el pueblo de Chechenia y apoyan enérgicamente los atropellos de los militares turcos contra el pueblo curdo. Hablan del "libre comercio" y de "tumbar las barreras", y gastan billones de dólares en conspiraciones para controlar el comercio petrolero del mundo y acaparar las reservas petroleras del Caspio.

    Los yanquis están aprovechando la gran debilidad de su rival imperialista ruso, que se encuentra con grandes deudas en medio de una profunda crisis económica y política, y cuyo ejército (a pesar de su formidable armamento nuclear) tiene grandes dificultades para controlar regiones que oficialmente quedan dentro de su territorio nacional.

    El New York Times describió la política estadounidense como "azotar al agonizante oso ruso". Sin embargo, si el oso logra salir de la crisis, se pondrá a voltearle la tortilla a los yanquis en el Caspio. Aun en medio de la actual crisis, fuerzas de la clase dominante rusa claman por un gobierno y ejército fuerte para imponerse en la región.

    La expansión yanqui en el Caspio es producto de su victoria en la "guerra fría" de la década pasada, pero también está sembrando las rivalidades y conflictos imperialistas del siglo 21. Es posible que los acontecimientos en esa región provoquen una respuesta de otros imperialistas, europeos o japoneses, que no estén de acuerdo con el monopolio yanqui de todas las fuentes mundiales del petróleo.

    El saqueo de la región, la corrupción de los gobiernos, el peligro de guerras, la explotación extranjera de los trabajadores, los daños ecológicos, todo eso sirve para desenmascarar el papel totalmente reaccionario de los imperialistas-de las "grandes potencias"-en la región. Estados Unidos, Europa y Rusia pelean por controlar la riqueza y el futuro de Asia Central; los pueblos oprimidos de la región no tienen ningún interés común con esos imperialistas.


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