Palestina: Ocupación salvaje y furia popular

Obrero Revolucionario #1074, 15 de octubre, 2000

A partir del 28 de septiembre, todo el mundo ha visto de nuevo el salvajismo de la ocupación israelí de Palestina. Los soldados israelíes, armados hasta los dientes por los imperialistas yanquis, han abierto fuego una y otra vez contra multitudes de palestinos. Del 28 de septiembre al 8 de octubre, 90 palestinos murieron y miles resultaron heridos.

No es la primera vez desde el comienzo del "proceso de paz" que las fuerzas de seguridad israelíes han masacrado a los palestinos. En 1996, mataron a más de 75 en unas pocas semanas. Pero en esta última oleada de violencia reaccionaria han usado armas pesadas: tanques, helicópteros artillados y misiles, además de balas de goma y metal. Los palestinos han disparado armas de bajo calibre, pero las armas de la gran mayoría son piedras.

Es una batalla dispar y un incidente horripilante, grabado en video, subrayó esa realidad: el 30 de septiembre, Muhammad al-Durah, de 12 años, y su padre, Jamal, regresaban a casa en la Gaza cuando los atrapó el fuego israelí. Se escondieron detrás de una pequeña barrera de concreto, pero una bala le dio a Muhammad en el estómago. Mientras Jamal gritaba que su hijo necesitaba ayuda, otra descarga lo hirió a él. Luego, cuando llegó una ambulancia para ayudarlos, mataron al conductor también.

El 8 de octubre, el primer ministro israelí, Ehud Barak, dijo que si los palestinos no dejan de confrontar a las fuerzas de seguridad dentro de 48 horas, estas recibirán órdenes de "hacer todo lo necesario" para aplastar el levantamiento. Esta es una descarada amenaza a redoblar la violencia reaccionaria.

Se está derramando sangre palestina en la Gaza, Cisjordania, dentro de Israel y en la frontera con el Líbano. ¿Quién puede negar que la brutalidad de las fuerzas israelíes es de un ejército de ocupación y opresión?

Choques por toda Palestina

El 28 de septiembre, Ariel Sharon, un dirigente derechista de peso en Israel, fue a Haram al-Sharif, en el centro de Jerusalén, que es uno de los lugares más sagrados para los musulmanes. Sharon es una figura odiada por los palestinos y árabes por la brutal invasión del Líbano y la masacre de palestinos y libaneses en los campos de refugiados Sabra y Chatila de Beirut a comienzos de los años 80. Su visita fue una provocación premeditada: una declaración de que Israel quiere mantener el control de la ciudad de Jerusalén (Al Quds en árabe), que los palestinos consideran el centro político y cultural de su nación.

Indignados, miles de palestinos se pusieron a lanzar piedras a los soldados israelíes, y estos hirieron a cinco con balas de metal cubiertas de goma. Al día siguiente, miles de soldados ocuparon Haram al-Sharif. Cuando los confrontaron multitudes de palestinos, los soldados abrieron fuego primero con balas de goma y gas lacrimógeno, y luego con balas de metal. Mataron a seis personas e hirieron a más de 200.

También estallaron choques en la Gaza y Cisjordania, y en los días siguientes llegaron informes de "batallas campales explosivas" en muchas partes.

El cruce de Netzarim, donde murió Muhammmad al-Durah, ha visto repetidas batallas pues está al lado de un asentamiento y cuartel militar israelíes. El 2 de octubre, centenares de jóvenes palestinos atacaron el cuartel con piedras y cocteles molotov. Los soldados respondieron con armas automáticas y misiles antitanques lanzados por un helicóptero militar. A los dos días, en otra batalla, mataron a balas a un lanzapiedras de 9 años.

En medio de las batallas, el primer ministro israelí anunció: "Nuestras fuerzas de seguridad ejercen el mayor control posible sobre sí mismas". Un vocero del ejército dijo que a los soldados los entrenan a disparar a los pies y las piernas de las multitudes. Pero las heridas que sufrieron muchos palestinos lo desmintieron: que a muchos les dieron en la parte superior del cuerpo con balas de metal. El Hospital de San Juan de Jerusalén, con especialidad en los ojos, dijo que atendió a muchas personas heridas en el ojo por balas de goma. A otros les dieron balas "dum-dum", las cuales estallan dentro del cuerpo. El Ministerio de Salud Pública palestino informó que casi la mitad de los heridos tienen menos de 18 años y que ha habido muchos niños. Unos 18 conductores de ambulancia de la Media Luna Roja han caído también.

Grandes cantidades de palestinos que viven dentro de las fronteras de Israel, en Acre, Jaffa, Nazaret y otras ciudades, también se alzaron. El 1º de octubre, jóvenes lanzapiedras bloquearon una carretera principal cerca de Umm al Fahm. El New York Times describió lo que pasó: "Por todas partes se ven muestras de furia. Al lado de la carretera hay carros quemados y faroles derribados. En el pueblo de Umm al Fahm, saquearon un banco y destruyeron la casa de correos, símbolo del gobierno, con su maquinaria y camiones". La policía israelí también abrió fuego contra las protestas en Israel y mató a varios palestinos.

El 7 de octubre, centenares de refugiados palestinos protestaron a lo largo de la frontera sur del Líbano. Cuando tiraron piedras hacia los soldados israelíes del otro lado de la frontera, estos contestaron con armas automáticas. Un manifestante murió y unos 14 resultaron heridos.

Ese mismo día, Hesbolá (una guerrilla islámica del sur del Líbano que cuenta con el apoyo de Siria e Irán) llevó a cabo ataques armados contra puestos fronterizos israelíes y anunció que capturó a tres soldados israelíes. El primer ministro israelí inmediatamente amenazó con responder con fuerza.

Apartheid en Palestina

No cabe duda de que la visita de Sharon fue la chispa que prendió la furia palestina. Pero la ira y frustración ya predominaba en la Gaza y Cisjordania. Un palestino que fue a un entierro hace poco dijo: "Sharon fue la chispa, pero ya se había vertido gasolina por todas partes".

Una y otra vez Yasser Arafat y su Autoridad Palestina prometieron que el "acuerdo interino" firmado con Israel (y más tarde el "acuerdo final" que se está negociando con la ayuda de Washington) crearán cambios para los palestinos. Arafat ha dicho que el "proceso de paz" acabará con la brutalidad y humillación a manos de los soldados y colonos israelíes, creará trabajos y mejoramiento económico y culminará en un estado palestino.

Pero la realidad es que la vida de los palestinos está de mal en peor. En una columna que salió en el New York Times, Allegra Pacheco, un abogado israelí que defiende a palestinos, escribió: "En la dura realidad de la Gaza y Cisjordania, el falso optimismo [sobre el proceso de paz] se desvaneció rápidamente cuando los palestinos se dieron cuenta de que el acuerdo interino no cambió de una manera significativa la ocupación israelí. Desde 1994, esta es la situación: unos 50.000 nuevos colonos judíos han llegado a Cisjordania y la Gaza, se han pavimentado más de 400 kilómetros de carretera en tierras confiscadas, se han demolido más de 800 casas palestinas, el desempleo se ha triplicado y el producto doméstico bruto ha disminuido el 21%, han arrestado a 13.000 palestinos y se ha restringido del todo la libertad de movimiento".

Más y más palestinos captan que la situación no va a cambiar de una manera fundamental incluso si las negociaciones producen una entidad llamada "estado palestino". Tal "estado" estaría dividido en varias partes por asentamientos israelíes fortificados y carreteras de circunvalación; estaría a la merced del ejército israelí que podría sellarlo e intervenir en sus territorios; y no controlaría los recursos vitales, como el agua. En pocas palabras, sería una forma de apartheid para los palestinos.

Los palestinos que viven dentro de las fronteras de Israel también están furiosos. Estos palestinos son el 20% de la población de Israel y oficialmente son ciudadanos. Cuando estalló la intifada (levantamiento) palestina en la Gaza y Cisjordania en los años 80 y 90, por lo general los palestinos de Israel no se alzaron. Pero están hartos de la discriminación que sufren y los ghettos donde tienen que vivir. La provocación de Sharon y la represión del ejército israelí también prendieron su indignación. Rifat Turk, un palestino que vive en Israel y ex estrella de fútbol, escribió en una carta a un periódico: "Incluso si uno ha pasado toda la vida predicando moderación, en ciertos momentos como hoy descubre que a flor de piel se encuentra una gran indignación que surge de una manera sorprendente".

Maniobras de Israel y Estados Unidos

El primer ministro israelí le echó la culpa del derrame de sangre a los palestinos. Pero no cabe duda de que el gobierno israelí sabía de antemano que la visita de Sharon iba a provocar una reacción palestina: a Sharon lo acompañó un contingente de mil soldados. Cuando los palestinos se lanzaron a las calles, las fuerzas de seguridad israelíes recibieron órdenes desde los más altos niveles del gobierno.

Desde el comienzo, las acciones de los dirigentes sionistas han tenido el propósito de impulsar sus propios intereses en el marco del "proceso de paz", especialmente en relación al control de Jerusalén. Las fuerzas de seguridad le están diciendo una cosa a los palestinos: así será nuestra respuesta si nos oponen resistencia.

Una política compleja

El papel del maestro de las maniobras cínicas lo desempeña el imperialismo yanqui. Estados Unidos se ha presentado como "mediador" desinteresado que solo busca la "paz" entre los israelíes y los palestinos, y en toda la región. ¡Qué mentira tan grande! En realidad, lo único que lo motiva es su propia agenda imperialista. Cuando habla de "paz" lo que quiere decir es la dominación imperialista "pacífica" de toda la región y los pueblos que viven ahí. Dice que "siente" la "violencia", pero es su propio "proceso de paz" lo que ha echado leña a la frustración e indignación de los palestinos, y sus billones de dólares de ayuda anual a Israel compran las armas que han matado a tantos.

Por su parte, Arafat quiere aprovechar la justa resistencia del pueblo palestino para impulsar los intereses de la clase que representa: la burguesía de la nación palestina oprimida. Está comprometido al "proceso de paz" y la colaboración con el estado sionista y el imperialismo estadounidense. Pero Arafat también busca aprovechar la indignación y las protestas para sacar provecho en las negociaciones, y cuenta con el apoyo de gobiernos árabes reaccionarios, especialmente el de Hosni Mubarak de Egipto, que también son colaboradores yanquis.

Durante las protestas recientes, la policía y las milicias bajo la dirección de Arafat abrieron fuego contra las fuerzas israelíes. Pero según los informes, esos incidentes son esporádicos y controlados. Muchas veces el papel de la policía palestina ha sido contener a los jóvenes lanzapiedras y apaciguar situaciones tensas. Sin embargo, en otras ocasiones no ha podido controlar a los chavos o no ha querido hacerlo, pues Arafat espera que la resistencia popular impulse su meta de crear un mini-estado palestino. Pero este es un camino lleno de riesgos para él.

Una sección de los palestinos está bajo la influencia de grupos opuestos a Arafat, como la organización islámica Hamas, y en algunas protestas han hecho trizas fotos de Arafat e izado banderas de Hamas. Hamas condena la crasa capitulación de Arafat, y la retórica de Hamas de lucha contra el estado sionista ha atraído a algunos jóvenes. Pero el programa de Hamas no es revolucionario y su ideología es feudal y reaccionaria. Como dijo la revista Un Mundo Que Ganar: "Ciertas fuerzas islámicas dicen que luchan por la liberación completa de Palestina, pero no dicen nada contra las potencias imperialistas que respaldan al estado sionista y buscan el apoyo de los estados reaccionarios de la región.... es imposible separar la lucha del pueblo palestino por su liberación nacional de la lucha mundial contra el imperialismo y la reacción. Quien quiera hacer esa separación terminará, como Arafat, traicionando y humillando al pueblo".

Los choques en Palestina han subrayado la justa lucha de los palestinos y la total injusticia de la ocupación israelí. Además, son un vislumbre de la resolución y el espíritu de resistencia de las masas palestinas, especialmente de la juventud. Vinculado con una línea y dirección revolucionarias, este espíritu podría ser una poderosa fuerza contra el estado opresor de Israel y el imperialismo yanqui.

En los polvorientos callejones cerca del campo de refugiados Deheisheh en Cisjordania, un joven de 17 años tomó un descanso de las luchas campales. Dijo que siempre le ha molestado no participar en la "primera intifada", que estalló cuando apenas tenía 4 años. Habló de por qué arriesga la vida para pelear con los soldados israelíes: "Me criaron con historias sobre cómo nos echaron de nuestras tierras. Pero en 1993, cuando hicieron las paces, me alegré. Qué ingenuidad. Esta paz es una gran mentira. Por eso estoy aquí todos los días.... Uno quiere expresar su indignación. Quizás esta piedra no le dé a un soldado israelí, pero hay que hacer algo por la patria".

Un policía palestino parado cerca del joven y sus amigos dijo que esos "shebabs" (jóvenes) no obedecieron las órdenes de regresar a casa: "Desafortunadamente no nos obedecen, porque quieren hacer su propia revolución".

El joven contestó: "Tiene razón, no obedecemos. Los israelíes piensan que Arafat nos controla como si fuéramos títeres. Pero somos nuestra propia fuerza".


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