Palestina bajo fuego

Obrero Revolucionario #1111, 22 de julio, 2001, en rwor.org

Desde el pasado septiembre, cuando se inició la serie actual de confrontaciones en Palestina, Israel ha desatado una campaña militar sanguinaria e implacable. Ahora se informa que el ejército israelí está preparando una ofensiva mayor: una invasión total de Cisjordania y Gaza.

La revista inglesa Foreign Report y varias fuentes de información de Israel y de otros países han divulgado los planes de invasión. El noticiero CBS informó: "El plan contempla bombardeos de aviones F-15 y F-16 y un fuerte bombardeo de artillería, seguidos de un ataque de 30.000 soldados, paracaidistas, brigadas de tanques e infantería". El pretexto para iniciar la invasión sería un ataque palestino, como por ejemplo una bomba.

Los informes indican que el objetivo de la invasión es destruir la Autoridad Palestina y su policía, matar o expulsar a sus funcionarios y exilar de nuevo a Yasser Arafat. La invasión duraría por lo menos un mes y mataría a miles de palestinos. Los generales israelíes creen que la crítica internacional a la invasión se puede acallar rápidamente con "hechos prácticos": el control absoluto de Cisjordania y Gaza. La revista Foreign Report informa que los generales le presentaron el plan al primer ministro, Ariel Sharon, y a su gabinete el 9 de julio.

Sharon y otros funcionarios del gobierno lo negaron. Pero parece claro que Israel está preparando una campaña militar grande, aunque no sea una invasión total. El 13 de julio Sharon reconoció ante la prensa que el gabinete tomó ciertas "decisiones" para escalar los ataques militares contra los palestinos si la resistencia continúa. Dijo: "Calculo que pasará cierto tiempo y las pondremos en práctica".

Esto hace pensar en la invasión israelí del Líbano en 1982, que mató a 20.000 palestinos y libaneses, arrasó el país y sacó a Arafat y la OLP de Beirut. El ejército israelí protegió a milicias fascistas que masacraron a miles de palestinos y libaneses desarmados en los campos de refugiados Sabra y Shatila. El comandante de esa invasión fue precisamente Ariel Sharon.

Se informa que el gobierno de Sharon está debatiendo si dicha invasión sería conveniente o desastrosa para Israel. Por ahora, parece que Estados Unidos no está de acuerdo. Pero de por sí el hecho de que se considere tal plan (con desalmadas proyecciones de miles de muertos palestinos) muestra una vez más lo criminal que es la ocupación israelí.

Es posible que el gobierno israelí haya hecho trascender los planes de la invasión como amenaza a los palestinos y como presión a Arafat para que doble más la espalda. Seguramente cree que la amenaza de invasión puede mitigar el fuego de la resistencia popular, y que la amenaza de destruir totalmente la Autoridad Palestina puede llevar a Arafat a reprimir más a los chavos lanzapiedras y a las organizaciones islamistas.

La brutal "moderación" de Sharon

La prensa estadounidense, poniendo la realidad patas arriba, pinta a Sharon de "moderado" porque no ha ordenado la invasión. Por ejemplo, el Washington Post escribió que Sharon "se impacientó con los ministros de línea dura" que querían una escalada militar inmediata contra los palestinos y que declaró: "Esta región no va a lanzarse a la guerra".

Qué moderación ni qué cuentos! Aunque una invasión sería peor, la realidad es que la "moderación" de Israel ya tiene a las masas palestinas bajo el fuego diario de fusiles, tanques y aviones caza en Gaza y Cisjordania.

El ejército israelí aprovecha todo acto de resistencia como pretexto para ataques militares. Dice que los ataques con tanques, artillería y aviones caza son una "respuesta justificada" a pedreas y disparos de armas pequeñas. Por ejemplo, el 13 de julio el ejército acribilló a Nablus (la mayor ciudad de Cisjordania) con fuego de tanques porque unos colonos israelíes recibieron disparos. Dentro de la ciudad estallaron una docena de morteros y mataron a un agente de seguridad palestino.

Ese mismo día, el ejército atacó la ciudad de Hebrón con tanques y ametralladoras; dejó 20 heridos y dañó montones de casas. También realizó ataques en otras partes de Gaza y Cisjordania.

Otras medidas de "moderación" son la destrucción de casas y los retenes militares.

El 10 de julio, el ejército demolió 14 casas palestinas en el campamento de refugiados de Shuafat, en Jerusalén Oriental. Horas más tarde, demolió 10 casas en el campamento Rafah en Cisjordania. La demolición de casas es una forma de "castigo colectivo". Los grupos de derechos humanos afirman que Israel ha destruido 500 casas desde septiembre. (Desde 1967, cuando se apoderó de Gaza y Cisjordania en la guerra de los Seis Días, ha destruido 7000 casas). Las demoliciones del 10 de julio fueron las más numerosas en años.

El gobierno dice que las casas de Shuafat no tenían permiso y que por eso las tumbó. Shuafat es un campamento apiñado donde viven 30.000 personas que perdieron su casa en la guerra de 1967 o cuando se fundó Israel en 1948. El único lugar donde se puede construir es donde estaban las casas tumbadas el 10 de julio. A poca distancia de Shuafat, el gobierno está construyendo edificios de apartamentos en la colonia israelí Pisgat Zeev.

El "proceso de paz" (impuesto por Estados Unidos) entre Israel y Arafat llevó a la creación de zonas de Gaza y Cisjordania donde supuestamente la Autoridad Palestina tiene control. Pero en realidad, Israel sigue al mando. Son territorios separados por colonias israelíes (que básicamente son como puestos militares), carreteras que solo pueden usar las tropas y los colonos, y tierras controladas por el ejército. Israel puede rodear y sellar las zonas palestinas con relativa facilidad.

Desde septiembre, Israel ha "cerrado" pueblos y ciudades palestinos de Gaza y Cisjordania con retenes militares y trincheras. Miles y miles de palestinos no pueden ir a trabajar a Israel, lo que ha causado grandes penurias económicas. Para reemplazarlos, Israel está importando mano de obra barata de otras partes del mundo.

Los retenes militares dificultan viajar de un pueblo o ciudad a otro de Gaza y Cisjordania. Los soldados paran incluso a enfermos y heridos de emergencia que van a un hospital: 17 palestinos han muerto por demoras en los retenes. Un médico palestino, Mustafa Barghouthi, señaló: "Más del 70% de la población palestina vive en zonas rurales donde no se ofrecen más que servicios médicos mínimos. El cierre de la zona ha impactado servicios médicos vitales". Un ejemplo es la muerte de un recién nacido en un retén: la madre, Firial Idries, viajaba de su pueblo a una clínica cercana, pero la pararon una hora en un retén y se presentaron complicaciones.

Un estudiante de posgrado de Estados Unidos que vive en Cisjordania escribió en el Washington Post que los retenes son "una táctica política para hacer sufrir a los palestinos con el objetivo de quebrarlos. Un soldado me dijo que Israel sabe que el 99% de los que pasan por los retenes van a trabajar o a estudiar, pero que es una orden militar obstaculizarles el paso".

El padrino yanqui

La aparente oposición de Estados Unidos al plan de Israel no se debe a preocupación por los palestinos. Hace poco, Martin Indyk, embajador saliente a Israel, dijo que deshacerse de Arafat le dará más peso a otros grupos menos manejables y que la única forma de alcanzar la "paz" es negociar con Arafat.

Para Indyk y su clase, "paz" no quiere decir justicia y autodeterminación para los palestinos, sino estabilidad regional para los imperialistas. El control del Medio Oriente es crucial para Estados Unidos y su estrategia para mantenerlo tiene varios elementos: apostar fuerzas militares en la región, respaldar gobiernos árabes reaccionarios y, como punto estratégico central, apoyar a Israel.

A veces, Washington critica a Israel para mantener la apariencia de que es un amigo "neutral" de Israel y de los palestinos. Pero tales críticas se deben a desacuerdos secundarios, si acaso. Cómo puede ser "neutral" cuando le manda a Israel tres billones de dólares al año de ayuda militar y económica? A Estados Unidos le conviene dar la apariencia de que Israel es un perro rabioso que muerde al amo cuando trata de agarrar la correa.

En junio, Bush mandó al jefe de la CIA a sacarles un compromiso de cese de hostilidades a Israel y a Arafat. La prensa anunció que los "llevaría de vuelta a la mesa de negociaciones". Cuando siguieron las confrontaciones, Estados Unidos afirmó que Arafat debe "controlar la violencia" y que Israel debe "actuar con moderación". Así, pinta a los palestinos de "agresores" y a Israel apenas de "responder con exageración".

El gobierno israelí, que ocupa Palestina con el consentimiento de Washington, ha atacado con saña al pueblo palestino para quebrarlo y ahora lo amenaza con una invasión.

Pero los valientes palestinos siguen desafiantes. Si Israel invade, el pueblo sufrirá y derramará más sangre. Pero una invasión no puede tapar la verdad: que la causa del pueblo palestino, la liberación y autodeterminación de su nación oprimida, es justa y cuenta con el apoyo de los oprimidos y los proletarios del mundo.


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