En vivo desde Irak

Boletines de Barbara Aziz

Obrero Revolucionario, 23 de marzo, 2003, posted at http://rwor.org

La Dr. Barbara Nimri Aziz está en Bagdad desde fines de febrero. La Dr. Barbara es una antropóloga, periodista y activista árabe; tiene un programa de radio y es la fundadora de RAWI (Radio de Escritores Árabes-Americanos), que es un centro de noticias e información para los escritores árabes. Su voz se oye con frecuencia en la emisora WBAI de Nueva York (de la red Pacifica) y presenta desde hace años el programa "TAHIR: Voces de árabes y musulmanes".

La Dr. Barbara Nimri Aziz ha escrito una serie de informes desde Bagdad. A continuación publicamos pasajes de estos informes. Los lectores encontrarán la serie completa (y los nuevos informes) en www.rondavit.net, el sitio de la Gazeta AyRab.

*****

Bagdad, No. 3

Domingo, 3 de marzo de 2003

Veo llegar camiones con nuevos contingentes de escudos humanos de Europa y las naciones árabes. Acaba de llegar un grupo de 30 de India y Japón, principalmente. De 800 a 1000 jóvenes se están reuniendo en Irak para ofrecer quedarse en centrales eléctricas, acueductos y hospitales. Unos hacen diabluras para atraer la atención de la prensa, y yo lo apruebo de todo corazón. Tras 12 años queda claro que la lógica y la verdad no despiertan. Las protestas de Europa tienen que continuar, multiplicarse, aumentar de tamaño y de clamor. El concepto de democracia occidental está en juego aquí, ¿no?...

Mientras tanto, con todo el temor de la espera, las sanciones siguen. El cáncer de seno aumenta, la desnutrición se extiende, la pobreza empeora, los campesinos venden tierras, tractores y semillas a los especuladores de las ciudades, y acaban de jornaleros. En las ciudades los muchachos dejan los estudios y se ponen a trabajar en la calle. Las angustiadas familias que necesitan sacar a un hijo o hija del país para que reciba tratamiento médico paran a cualquier extranjero que ven en la calle. Los estudiantes de preparatoria y de universidad (ricos y pobres) están sacando malas calificaciones: no se pueden concentrar. No tienen medios, no tienen esperanza. A los que huyen de la zona de batalla los devuelven en la frontera de Jordania. La sección de primaria de la Escuela Internacional de Bagdad tiene 35 estudiantes (de 250 matriculados). Los niños de los diplomáticos y de los empleados de la ONU se han ido: huyeron. Esta mañana fui a dos salones y cada uno tenía un estudiante: qué privilegio disfrutar de toda la atención de los maestros. Sus amigos los han abandonado buscando protección. Imaginen a este niño sano, tan triste y perplejo como los niños atrofiados de los hospitales.

Los corredores están en silencio. Los camiones salen de la escuela a las 3 con uno o dos niños.

Mañana es el primer día del mes de Maharram, el primero del año nuevo musulmán. Es una fiesta oficial en Irak. Para los chíitas, los próximos 10 días son especialmente sagrados y cientos de miles se reunirán en Kerbala, Najaf, Humza y otras partes del país para conmemorar el martirio del imán Alí. Por tradición, es una época triste.

En el mes de Maharram no se hacen bodas. Por eso en los últimos días hemos visto muchas bodas: un carro decorado seguido por tres camiones de familiares y amigos que tocan tambores, bailan y acompañan a la pareja; son las 6 p.m. y oigo los tambores en la calle.

Sí, la gente hace un gran esfuerzo... para vivir. Así son los iraquíes. Así es Irak.

No presten atención a los rumores, salgan a la calle... y recen por todos nosotros.

Bagdad, No. 4

Martes, 5 de marzo de 2003

...Llegan las "noticias" que generan los medios de comunicación del extranjero: los medios de Occidente. Son desconcertantes. ¿Cómo se sienten los iraquíes? ¿Cómo puede aguantarlo un tendero, una profesora, un agente de importación, un oficinista, un maestro, un camionero, un ingeniero, un ama de casa? Estados Unidos dice que bombardeará el lunes. ¿Lo creemos, y entonces qué? Los tanques esperan en la frontera de Jordania. ¿Cuántos? ¿Cuándo avanzarán en nuestra dirección? Una hija que vive en los Emiratos llama a su madre por teléfono y le dice que se vaya de la capital; un padre llega de Jordania a sacar a su hijo de la Universidad de Bagdad. Un vecino de Beirut le trae un recado a una abuela de Bagdad: le ruega que se vaya con él a El Líbano por unos días. Esto lleva meses. Meses...

Cada uno se prepara a su manera: empaca pinturas, copas, ropa, se lleva los documentos personales y las reliquias familiares, compone canciones, recuerda las canciones de su niñez, pospone un matrimonio, adelante un matrimonio, pospone un hijo, adelanta fechas de exámenes, acapara, demora un viaje al campo, telefonea a su padre a diario...

Bagdad, No. 5

Domingo, 9 de marzo de 2003

¿Qué es más vulnerable, me pregunto mirando las calles de la ciudad de Mosul? Un camión lleno de cajas de botas negras para soldados, con tres soldados encima agarrando las cajas cuando el camión da una curva?

¿Veinte sillas de plástico nuevas a la venta?

¿Una niña de 9 años con gafas que camina con una sudadera amarilla en la hora del atardecer?

¿El andamio de los trabajadores que restauran la principal puerta de Nimrod, cuyo trabajo continúa?

¿Cuál se romperá antes que el otro?

¿Las ventanas de cristal de la universidad?

¿Maher Feisel que ayer presentó su examen de maestría en literatura francesa? (En la guerra de 1991, cuando tenía 11 años, soñaba en francés).

¿Cuál será aplastado primero?

¿El señor que le saca brillo a su nuevo taxi Nissan de color naranja?

¿O los soldados que excavan huecos en los campos de trigo?

¿Palestina o Irak?

Al atardecer las familias regresan de sus picnics y oyen las noticias. Todos caen en el silencio. El Consejo de Seguridad de la ONU está en sesión sobre la "cuestión" de Irak. Oímos los informes de Hans Blix y Mohammed Al-Baradie. No calman el terror que sentimos a todo momento en el corazón bajo nuestro cielo de primavera iraquí.

Bagdad, No. 6

Lunes, 10 de marzo de 2003

Otro mal presagio. El dinar iraquí bajó 600: el 20% desde que llegué.

¡Un día más cerca!

Nos acercamos al borde de este abismo, ¿pero se ve más claramente qué clase de guerra será, cuáles balas nos matarán? ¿O sabemos cómo puede responder cualquiera de nosotros?

Desde aquí la situación da pavor, sin duda gracias a las filtraciones del Pentágono y los informes de prensa de Occidente. No sé ustedes, pero a mí me dan ganas de correr. Estamos pasando de un estado de terror callado al pánico.

No hay que acercarse a un centro militar para ver que están haciendo preparativos primitivos para aguantar, para resistir. Los soldados cavan huecos incluso en las aceras. Hay filas de reclutas en los centros del ejército y desfilan con ropas heterogéneas por TV. No se compra nada más que comida y agua. Los comerciantes se sientan sin oficio en las ventanas de sus tiendas y la mercancía se empolva.

Felizmente, en medio de todo esto los iraquíes sacan tiempo para el arte. El domingo por la noche el club Alwiya de Bagdad presentó a un grupo de poetas árabes: argelinos, palestinos, marroquíes, sirios, libaneses, egipcios. Un público de 70 personas; en otros tiempos hubieran sido 200.

Al día siguiente, Beit Al Hikmet (Casa de Sabiduría) organizó un foro sobre teoría y práctica de la globalización. En universidades tristes continúan seminarios y conferencias.

El espléndido Museo Nacional ha cerrado las puertas. Muchos estudiantes de otras partes se han ido de la ciudad. Irán no deja viajar a los peregrinos que todos estos años han venido a los sitios religiosos de Irak.

Hicimos un viaje de ida y regreso de Bagdad a Mosul por tierra: cuatro horas en una buena autopista de cuatro carriles, por el valle de Mesopotomia, que circunvala las ciudades de Tikrit y Kirkuk. Por el camino, pueblos y ciudades de niños, mujeres y hombres, un radio y un televisor en cada casa, una refinería grande, fincas de ganado lanar. Cada farol, cada camión, cada carro, autobús, camioneta, cada camino a través de un campo, cada antena de TV representa una familia iraquí aterida de terror por la amenaza de Estados Unidos, la incapacidad de defenderse. Cada mesero que nos trae café, cada guardia de un retén, cada muchacho a caballo con un tanque de combustóleo, cada vendedor de verduras, cada alma aquí pregunta en silencio: "¿Por qué Estados Unidos quiere destruir nuestra tierra? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué nosotros?

"Sabemos que no es por nuestro líder, nuestra historia de derechos humanos, nuestra contienda con Kuwait, nuestro miserable arsenal comprado a compañías estadounidenses, británicas y alemanas en los años 80. Ni siquiera la sed de nuestro petróleo que tiene Estados Unidos es una explicación que podamos comprender".

Mosul está en el norte y Estados Unidos prohibió los vuelos (de Irak) en la zona. Pero los aviones británicos y estadounidenses hacen tiro al blanco a su antojo, y vuelan sobre los verdes campos y la ciudad de 2.4 millones de habitantes. Retumban sobre las cinco universidades, el Instituto Nacional Agrícola (abandonado), los rebaños de ovejas, las escuelas primarias y los olivares, el campo de entrenamiento militar, el palacio presidencial, los jardines infantiles, los tres hospitales, los mercados, los graneros y las granjas avícolas. Bombardean con plena libertad, sin oposición. El martes pasado, los bombarderos estadounidenses atacaron dos horas seguidas al atardecer. Sí, mataron, pero más que eso sembraron terror. Los iraquíes entienden que se está librando una guerra psicológica de terror contra ellos para desestabilizar antes del ataque militar.

A principios de la década pasada, cuatro años antes de la firma del Memorando de Acuerdo sobre la Resolución 986 de la ONU que permitió a Irak vender petróleo y comprar alimentos en el exterior, la comida escaseaba. Las fábricas de fertilizantes no funcionaban a causa de los bombarderos, y las semillas eran muy valiosas. Aunque no tenían pesticidas ni herbicidas, los agricultores cultivaron un poco de trigo: menos que antes y menos de lo que se necesitaba para alimentar a los hambrientos, pero era algo. Cuando el trigo maduró, los aviones rasgaron el cielo y soltaron bombas incendiarias sobre el trigo. (Es posible que no se hayan enterado de esto, pero lo dio a conocer la FAO de la ONU y unos cuantos periodistas).

Yo pensaba que eso terminó cuando se puso en marcha la resolución de petróleo por comida. Ahora me cuentan los habitantes de Mosul que la quema de sus campos continúa, pero solo en la época de la cosecha, cuando los cultivos están a punto. Esas acciones terroristas son tan rutinarias que no son de interés periodístico, como las medicinas contaminadas y caducas que están llegando bajo los auspicios de la ONU. Irak no puede imponer ninguna condición para protegerse de compañías que manden equipo o alimentos defectuosos, caducos o inútiles.

Este informe es tan fragmentado como la atmósfera en que estoy. ¿Debería uno volver a las injusticias de 1991? ¿Debería mencionar los rumores: que los periodistas conocedores se están mudando a otro hotel porque al-Rasheed va a ser bombardeado; que los periodistas independientes sopesan si buscar un hotelito cerca de los satélites de las redes de TV? ¿Que la población civil tiene prohibido andar en las calles cuando empiece la guerra, que las familias están consiguiendo armas? ¿Evacuaciones?

En los altos niveles del gobierno debe haber caos, como parte del coctel que se prepara para cuando se prenda la chispa. Poderoso Alá, esta gente es fuerte. Los admiro, admiro la fuerza que tienen para seguir luchando, para seguir con la frente en alto...

Bagdad, No. 7

Martes, 12 de marzo de 2003

Bueno, no todos son rumores. Mohassen y sus hijos han regresado a Bagdad, y les haremos una fiesta.

Regresaron ayer involuntariamente de la frontera de Jordania.

Imaginen esto.

Tras años de vivir resuelta a quedarse en su país a pesar de todo. Su querido esposo, que trabaja en los Emiratos Árabes, la llamaba todo el tiempo y le decía que se fuera, que mandara las niñas de visita.

Tras decirle a todos los amigos: "Como iraquí, no me iré de mi país. Lo quiero y no permitiré que los americanos se lo quiten a mi padre, a mi presidente, a ningún iraquí".

Tras vivir con comodidades (bueno, no todas, pero no entremos en eso), incluso durante las duras, durísimas sanciones.

Tras años de impotencia, de ver a los amigos morir, claudicar, marcharse, sufrir de cáncer, de paro cardiaco.

Tras llamar a las queridas amistades con quienes aguantó 12 años y decir adiós.

Tras dejar a sus hermanos y amigos en este terror.

Tras empacar todo, esconder las joyas, guardar las pinturas y la ropa, llevar las cosas de valor a la casa de su hermana.

Tras decirle a los niños qué podían llevar.

Tras hablar con el jefe para que le guardara el trabajo, con el jardinero para que le cuidara la casa.

Tras pedir un taxi para viajar a la frontera, dejar su carro en casa de su hermano, cerrar el portón, decirles a los niños qué pueden llevar y qué tienen que dejar, oír que por favor les deje llamar a una amiga por última vez.

Tras llegar a la frontera en el carro atiborrado después de un viaje de seis horas por el desierto, con las preguntas, los trámites.

Finalmente después de dos horas en que los niños están amodorrados e inquietos les dan paso en la frontera de Irak y ellos miran el gran arco de la puerta de Trebil, con el retrato de su presidente, y avanzan a la otra puerta, la que tiene el retrato del rey americano.

Y entonces, los aduaneros de Jordania les dicen: "No, no pueden entrar".

Pasa otras tres horas discutiendo, llamando al esposo en los Emiratos, sollozando, llamando a amigos en Jordania a ver si alguien les da permiso de entrar.

Imaginen el viaje de regreso a Bagdad otras seis horas en el desierto.

En realidad, al día siguiente Mohassen está aliviada. Lleva años diciéndole a su esposo que se quedará, pase lo que pase. Mañana lo llamará y le dirá que se venga para Irak.

Imaginen nuestra vida.

Barbara Nimri Aziz

Estos pasajes fueron tomados de la página Web de AYRAD Gazette: www.roundavid.net. Los puntos de vista en este boletín son de la autora y ella no es responsable de los puntos de vista expresados en las otras páginas de este periódico.


Este artículo se puede encontrar en español e inglés en La Neta del Obrero Revolucionario en:
rwor.org
Cartas: Box 3486, Merchandise Mart, Chicago, IL 60654
Teléfono: 773-227-4066 Fax: 773-227-4497