De The Worker
13 de febrero de 2001: 5 años de guerra popular

La guerra popular de Nepal:
Informe desde el campo de batalla

Parte 2: La mujer en la revolución

Obrero Revolucionario #1089, 4 de febrero, 2001, en rwor.org

En febrero se celebra el quinto aniversario del inicio de la guerra popular de Nepal.

El 13 de febrero de 1996, bajo la dirección del Partido Comunista de Nepal (Maoísta), miles de hombres y mujeres lanzaron ataques armados. Ese fue el toque de clarín de una nueva guerra popular maoísta que apunta a barrer el imperialismo, el feudalismo y el capitalismo burocrático. El PCN (Maoísta) aplica la estrategia maoísta de la guerra popular prolongada: establecer bases de apoyo en el campo a fin de rodear las ciudades, conquistar el poder en todo el país y establecer la república de nueva democracia, que es un paso hacia la construcción de una nueva sociedad socialista, como parte de la revolución proletaria mundial.

La guerra popular de Nepal ha logrado grandes avances en cinco años: ha construido el ejército popular y asestado serias derrotas militares al gobierno reaccionario; se ha conectado profundamente con el pueblo y ha forjado organizaciones revolucionarias con la participación de campesinos, mujeres, estudiantes y otros sectores. En vastas zonas del país, sobre todo en los distritos de Rolpa y Rukum en la Región Occidental, ha expulsado a los opresores, las autoridades y la policía, lo cual creó un vacío de poder. En esas zonas, según el PCN (Maoísta), dos millones de personas participan en organizaciones embrionarias del nuevo poder popular.

A continuación reproducimos la segunda parte del "Informe desde el campo de batalla" del número de octubre 2000 de The Worker, una publicación del Partido Comunista de Nepal (Maoísta). (La primera parte salió en el OR No. 1088).

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Las acciones militares dan un salto cualitativo

El aspecto más sobresaliente de la guerra popular de Nepal ha sido su desenvolvimiento relativamente acelerado. Conforme a la orientación del partido de aumentar la capacidad militar y crear bases de apoyo, se han elevado cualitativamente las acciones militares durante el Quinto y Sexto Plan (es decir, a partir de septiembre de 1999). Se lanzaron ataques coordinados en todo el país para dar inicio al Quinto y Sexto Plan el 25 de octubre del año pasado [1999] y el 15 de junio respectivamente, y con motivo del aniversario de la guerra popular el 13 de febrero. Asimismo, se lanzó una campaña especial del 23 al 31 de agosto, en la cual se desenvolvieron las cuatro formas de acciones militares: acciones guerrilleras (redadas y emboscadas), sabotaje, aniquilamiento y propaganda. Pelotones y fuerzas especiales han lanzado una serie de grandes operativos armados en las tres regiones del país. Se ha pasado al nivel de organización superior de compañías en la Región Occidental, donde la guerra popular ha logrado un mayor desarrollo. Asimismo, se iniciaron secuestros y detenciones en represalia por las "desapariciones".

En la Región Occidental, se inició el Quinto Plan con un ataque al puesto policial de la aldea de Mahat, Rukum, como represalia por el operativo enemigo "Reconocimiento Selvático". Los pelotones 1 y 2, además de varias escuadras guerrilleras, arremetieron contra la fuerza enemiga de 28 policías fuertemente pertrechados. Tomaron el puesto policial, y confiscaron 27 armas y muchas municiones. Pusieron en libertad a todos los policías que se rindieron, salvo Thule Rai, y los revolucionarios no sufrieron ninguna baja. El 6 de abril de 2000, con motivo del día del movimiento de las masas, los pelotones 1, 2 y 3 de las fuerzas armadas revolucionarias se unieron a las masas, y atacaron tres puestos policiales (que ocupaban cinco casas en Takesara, Rukum) y una fuerza de 70 policías y dos equipos de emboscada; arrasaron las casas, y dejaron ocho policías muertos y muchos heridos. Confiscaron 37 rifles, dos pistolas y 42 municiones. Dos camaradas cayeron. Asimismo, en el ataque al puesto policial de Rara Lili en el distrito de Jumla confiscaron 21 rifles y otras armas, y dejaron 11 policías muertos. Un comandante de sección cayó mártir. Según las últimas noticias, el 24 de septiembre, un ataque audaz al puesto policial de Dunnai (el cuartel del distrito de Dolpa) arrojó un saldo de 14 policías muertos y 40 heridos. Más de 100 de las fuerzas armadas populares tomaron por asalto la prisión del distrito; liberaron a 17 presos; y destruyeron el cuartel y las oficinas del distrito, la oficina de control de tierras, etc. Atacaron al Nepali Bank Ltd. y se apoderaron de unos cincuenta millones de moneda nepalesa. Fue el ataque de mayor envergadura hasta la fecha, pues se apuntó al corazón del distrito; el ministro del Interior, Govinda Raj Joshi, y el jefe de la policía, Achut Raj, se vieron obligados a renunciar.

En la Región Central, las fuerzas revolucionarias se valen más de la emboscada porque esa región tiene mayores redes de transporte; han dejado una docena de policías muertos y muchos heridos. En enero de 2000, atacaron el puesto policial de Samari en el distrito de Nuwakot, con un saldo de tres policías muertos; confiscaron rifles, municiones y chalecos antibala. Un comandante de pelotón cayó mártir en el operativo. Por otra parte, una fuerza especial atacó el puesto policial de Harmi en el distrito de Gorkha y confiscó 10 rifles, cuatro pistolas y muchas municiones. Un policía cayó en el ataque, pero las fuerzas armadas populares no sufrieron bajas. El 23 de agosto, atacaron el puesto policial de Dhawdi en el distrito de Nawalparasi, y confiscaron tres rifles 3-0-3, siete rifles y muchas municiones. Un policía cayó y no hubo ninguna baja de las fuerzas revolucionarias. Ese ataque, el primero en el distrito, fue totalmente exitoso. Por otra parte, en el valle de Katmandú las fuerzas revolucionarias han lanzado una serie de ataques incendiarios contra blancos importantes, como el bombazo a la casa de Govinda Raj Joshi (actualmente un ministro del Interior) y el ataque al club de la policía Mahendra ubicado en el corazón de la capital, que derrumbó un muro. Todos esos ataques ocurrieron en agosto de 2000. Según las últimas noticias, el 26 de septiembre, los revolucionarios lanzaron un ataque audaz contra el puesto policial de Bhorletar en el distrito de Lamjung que dejó un saldo de ocho policías muertos y tres heridos; además atacaron un banco agrícola.

En la Región Oriental, el 30 de agosto atacaron un puesto policial de Mahavari en el distrito de Jhapa; confiscaron todos los rifles y municiones: cinco rifles 3-0-3, un par de pistolas chinas y 364 balas. Fue la primera vez que se lanzó un ataque en la región que colinda con India. Asimismo, el 31 de agosto atacaron las oficinas del guardabosque en la aldea de Mrigaulia en el distrito de Morang, y confiscaron cuatro rifles 3-0-3 y municiones. Además, en agosto, atizados por los ataques en Jhapa, realizaron muchas acciones de sabotaje en los distritos de Tehrathum, Khankuta, Sankhuwasava, Panchthar y Bhojpur.

Se intensifica la tormenta de rebelión de las mujeres

Desde el inicio de la guerra popular en 1996, la participación de las mujeres ha aumentado a pesar de los ataques sanguinarios del gobierno, que las mete presas, las viola, las tortura y las desaparece. Por eso, se ha desechado el estereotipo de que las nepalesas son prostitutas indefensas obligadas a trabajar en los burdeles de India y se ha llegado a reconocer que son combatientes audaces e intrépidas.

Su participación multifacética sostiene la guerra popular; por ejemplo en los distritos de Rolpa, Rukum y Salyan de la Región Occidental, su participación en los embrionarios comités populares ha sido imprescindible. La mayoría de los prominentes periodistas que visitaron las nuevas bases de apoyo por invitación del partido destacaron ese hecho. En particular, la participación de la mujer en todo nivel de las fuerzas combatientes ha aumentado; las mujeres que respondieron al llamado a incorporarse a las fuerzas armadas populares de Rolpa son una fuerza vertebral de la milicia popular (fuerza auxiliar de las principales fuerzas de combatientes) y un puente entre estas y las masas, lo cual ha permitido militarizar a la gente de base, pues las compañeras son los ojos y oídos de las fuerzas armadas populares, además de ser combatientes, comandantes y subcomandantes de escuadras, pelotones, fuerzas especiales y compañías.

Las mujeres son una fuerza productiva muy importante de la economía autosuficiente de los nuevos comités populares. En Rolpa, las organizaciones de mujeres plantearon que "cada unidad produzca". A fin de ampliar la base de las organizaciones de mujeres se adoptó la recomendación de tener una unidad femenil en cada delegación y un miembro de dicha unidad en cada hogar. Nada más en el distrito de Rolpa hay 2500 unidades; es decir, es la más numerosa organización de masas (más numerosa que las organizaciones campesinas). Participan mujeres de 18 a 65 años de edad. Las unidades han establecido industrias artesanales que producen calcetines, guantes, telas, bolsas, etc.; siembran y recolectan leña y forraje colectivamente; y se dedican a la ganadería y la avicultura. El hecho de dar escrituras de propiedad a las mujeres las ha animado y ha aumentado mucho su productividad económica. En todas partes la mujer se dedica al trabajo productivo y es la fuerza principal que revoluciona las relaciones de producción en las bases de apoyo provisionales. Como las mujeres sufrieron más por las viejas relaciones de producción feudales, participan de lleno en los tribunales populares, entregando los usurpadores de tierras y los explotadores a la justicia popular, lo cual ha sido vital para que los tribunales hagan su trabajo y ganen la confianza de las masas. Se ha logrado aminorar los conflictos familiares provocados por el juego, el consumo excesivo de alcohol, la infidelidad y el maltrato a las mujeres y los niños. En casos de disputas de tierra relacionadas con viudas, la separación de la mujer del marido o de los suegros, y otros casos, las organizaciones de mujeres han politizado a la familia, transformando cada hogar en una unidad política a través de la participación de los niños en organizaciones de niños, los jóvenes en organizaciones de jóvenes y los campesinos en organizaciones campesinas.

En la esfera social/cultural se han operado cambios trascendentales. Por ejemplo, ahora las mujeres, en lugar de ayunar por la celebración tradicional de "Teej" y pedir que el marido tenga una larga vida o que se casen con un hombre guapo, organizan banquetes para fortalecerse contra la violación, la tortura y los asesinatos indiscriminados que cometen las fuerzas policiales reaccionarias. No acatan las viejas costumbres que prohíben que la mujer are la tierra o construya techos. Poco a poco están eliminando las restricciones a las viudas, las restricciones menstruales y la brujería. Las mujeres acuden a cursos de alfabetización y oyen la radio para ponerse al tanto de lo que ocurre en el mundo. Por su parte, las presas también se organizan. En la cárcel central de la capital cuadros de Kavre, Lalitpur, Jajarkot, Sindhuli y Gorka, acusadas de violar las leyes sobre armas, seguridad y traición, están recluidas en un pabellón especial, y sometidas a tortura mental y física. (Tres de ellas fueron violadas por policías.)

Animadas por la formación de los Comités Populares Unidos de la Región Occidental, organizaron un frente único para luchar desde esa trinchera de guerra. Establecieron departamentos de administración, educación, abastecimiento, finanzas y salud. El departamento de administración organiza celebraciones y protestas en coordinación con las campañas del Partido Comunista de Nepal (Maoísta). El departamento de finanzas organiza producción comunitaria. El departamento de educación da clases de política y cursos para las que presentarán exámenes en las escuelas y universidades. Por eso, aun tras las rejas, el espíritu de combate arde y las autoridades carcelarias no han podido apagarlo.

Dado que las mujeres juegan un papel muy importante en las fuerzas armadas populares y los comités populares, las fuerzas armadas reaccionarias las han atacado con saña: han cometido violaciones en gran escala y tortura, además de desaparecerlas y matarlas. Hasta la fecha, unos 2000 hombres y mujeres han caído mártires desde el inicio de la guerra popular; 200 de los mártires son mujeres y 21 de ellas cayeron en Rolpa. En un mes mataron a cuatro militantes en Gorkha y tres eran mujeres, lo cual demuestra que las fuerzas reaccionarias están más alarmadas por la participación de la mujer. Recurren a más tortura, violación y a matar a las compañeras y simpatizantes. Sin embargo, su cobardía ha servido para divulgar la guerra popular a todos los rincones de la sociedad.


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